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Vino blanco. Hay millones de blancos en todo el mundo, pero en España los concebimos como vinos que no necesitan una gran aireación. Son, habitualmente, del año o de dos. Tienen muchas virtudes, muchas frutas y son muy fresquitos. Son caldos para agradar, no para guardar. Entonces, lo que le pedimos a la copa es que nos permita beberlo, que nos saque los aromas y que nos ayude a disfrutar de ellos.

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