 |
|
Pazo de Carrasqueira.
|
 |
|
Bodega de Albariño.
|
 |
|
Aguardiente de orujo.
|
 |
|
Ostras escabechadas.
|
|
PRADERAS SUBMARINAS
Sin llegar al acogedor Pazo de Carrasqueira, donde tendrá lugar mi alojamiento, doy una vuelta por la ciudad para pasear por el suburbio antiguo de los pescadores, El Berbés; entrar en las iglesias de Coruxo y Bembibre de los siglos XII y XIII, y llegar hasta el Palacio de Quiñones de León. Desgraciadamente, y aunque el tiempo se ha vuelto mucho más agradable al dejar de lloviznar y aparecer (aunque tímidamente) unos rayos de sol, no puedo detenerme durante mucho tiempo observando estas maravillas arquitectónicas porque un barquito me espera en Cesantes, al lado del pueblo de Redondela, para navegar por la ensenada de San Simón. Ésta es una zona de llanuras intermareales que, cuando llega el momento de la marea baja, deja a la vista una extensa pradera plena de vegetación marina. Durante los períodos de mareas vivas, se puede llegar dando un paseo a pie. Verdaderamente, la ensenada San Simón es una inmensa despensa en la que se cultivan una enorme variedad de mariscos entre los que destaca por su enorme prestigio las ostras de Arcade. Un poco más adelante volvemos a hacer una parada para llegar a Soutomaior, donde, además de disfrutar de una cerámica más que interesante, se produce el delicioso vino albariño de Soutomaior. Una vez que he degustado unas copitas con algunas ostras escabechadas, visito el impresionante castillo feudal relacionado con la figura legendaria de Pedro Madruga, orgullo de este acogedor pueblo gallego.
PAZO EN LAS RÍAS BAIXAS
El lugar elegido para pasar la noche se encuentra entre Sisán y Ribadumia, en pleno corazón del Valle de Salnés, data del siglo XVIII y está dotado con bodega de albariño hecha con la uva recogida de sus propios viñedos. Estos exquisitos caldos han dando fama y prestigio a la comarca y el pazo presume de su albariño artesanal con etiqueta D.O. Rías Baixas y una producción limitada a 15.000 botellas. El hotel cuenta con 9 habitaciones, 2 de ellas amplias, 3 dobles en planta y 4 dobles en el ático, y es en una de estas últimas donde me instalo y descubro un cuidado jardín lleno de flores de temporada y una inmensa piscina donde me encantará remojarme cuando regrese en época veraniega; más allá se me inunda la vista con el impresionante paisaje coloreado con espectaculares tonalidades de verde.
En el acogedor espacio reservado al restaurante pruebo más ostras, esta vez al natural y por supuesto, más vino albariño y, para terminar la velada, pido otro de los productos de la tierra: el aguardiente. Un buen conocedor de esta digestiva bebida, ideal para las sobremesas, me cuenta que durante la destilación, y mientras el alambique gotea, los lugareños relatan viejas historias, cantan o juegan a las cartas. La noche se termina alrededor de la cálida chimenea del pazo, mientras que con una copa de aguardiente realizo un conjuro que me haga regresar pronto a estos parajes.
|