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Nació en Madrid por casualidad, pero fue siempre santanderino
de corazón y vocación. También, en las últimas dos décadas de
Sevilla, la ciudad preferida de la duquesa de Alba. En
1978, cambió radicalmente su vida y su biografía cuando se casó
con Cayetana de Alba. Entonces, la sociedad española
puso el grito en el cielo, y él diría: "Por lo primero que le
interrogan a uno es por el título y yo, la verdad, es que no
me acuerdo de él hasta que me preguntan".
Un verdadero duque
No soportaba la incultura, le irritaba la ignorancia, pero era
divertido -no sé trabajar si no me divierto, decía- y sincero.
Un hombre de vida y existencia apasionante que hablaba mucho,
aunque sólo contaba lo que quería que se supiera. Don Jesús
no se dejaba arrancar secretos ni se dejaba llevar por el don
de la palabra para confesar intimidades. Callaba siempre lo
que debía callar y jamás dejó de ejercer el ducado con extrema
exquisitez. De hecho, resulta casi imposible imaginar que alguna
vez haya sido algo distinto que aristócrata. Con hechos demostró
que para ser duque no hacía falta nacer siéndolo y, pese a no
llevar ni una sola gota de sangre azul en las venas, siempre
tuvo el empaque de los Alba, el carisma de los Alba.
Un diario que será publicado en veinte años
Enamorado de los libros, el arte, la música, poeta y ensayista,
cuidó con celo los 40.000 volúmenes de la biblioteca entre los
que existen piezas como la primera edición de El Quijote
o de la primera Biblia en castellano(1430), o los Testamentos
de Fernando el Católico y las Cartas de Cristóbal Colón
-nada menos que la recopilación de seis siglos de historia-
y no hubo un solo día en el que no añadiera un trocito de texto
a su diario. Un personalísimo escrito que no verá la luz hasta
que transcurran 20 años. Así lo dejó dicho: "Veinte años, después
de mi muerte"... "En este segundo milenio que, aunque estará
muy bien será tremendamente aburrido porque todo estará informatizado
y yo tengo horror a esas cosas ya que, donde pongo el dedo,
dejo la avería".
Ha muerto de un cáncer cansado de luchar
Intelectual de tronío, traductor, crítico, conferenciante, predicador,
editor... De memoria privilegiada, capaz de pronunciar un discurso
en griego clásico, sin leer una sola palabra... El duque ha
muerto a los 66 años cansado de luchar contra una enfermedad
que le ha ido comiendo vorazmente en los últimos tiempos. Y
lo ha hecho en su querido palacio de Liria. Ese edificio en
el que, recordaba después con los años, lo que más le había
costado encontrar habían sido los interruptores de las luces.
En ese palacio en el que no hubo un solo día en el que no se
declara enamorado de Cayetana. "Me levanto con el Alba
y con la Alba", repetía.
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