Antonio Vigo se despide de Erika en familia
La pequeña de los Ortiz Rocasolano y el escultor vivieron una historia de amor de casi 7 años y tuvieron en común una hija, Carla
Erika y Antonio demostraron meses después haber superado totalmente su separación, pero mantuvieron siempre una buena amistad por el bien de su hija, Carla
El estatus civil de la pareja no llamó especialmente la atención en un momento en el que todos los objetivos se centraron en conocer a fondo la existencia de una periodista llamada a ser Princesa de Asturias
Los largos meses que Antonio pasó trabajando en el exterior no ayudaron a que la pareja solventara sus posibles diferencias
Erika y Antonio se trasladan tras el comopromiso de los Príncipes de Asturias a la casa que doña Letizia se había comprado en Valdebernardo
Antonio ha sido hoy uno más en el sentimiento de consternación y dolor de la familia Ortiz-Rocasolano. Al responso por Erika sólo han asistido los familiares directos, padres, abuelos y hermanos por lo que la presencia de Antonio cobraba aún mayor importancia. Su hija Carla, de seis años, está desde que se conoció el trágico final de Erika al cuidado de su familia paterna.
Una historia de amor de casi siete años
La noticia de la separación de Erika Ortiz Rocasolano y Antonio Vigo saltó en la prensa en mayo de 2006. Ninguno de los dos quiso confirmar o desmentir los rumores que apuntaban a la ruptura, pero el hecho de que no compartieran el mismo techo y de que hicieran vidas independientes puso a los medios de comunicación sobreaviso de que su convivencia había terminado o, en el mejor de lo casos, de que su historia de amor atravesaba una crisis.
La relación que comenzó sobre el año 1999, poco después de que los padres de Erika, Jesús Ortiz y Paloma Rocasolano, decidieran poner fin a su matrimonio, había durado algo más de seis años. Un romance que iniciarían en la Facultad de Bellas Artes, meses después de que la hermana menor de la Princesa de Asturias rompiera su noviazgo con un cámara de Antena 3, tras pasar por una difícil y dolorosa situación personal.
Tiempos difíciles
Erika vivía, entonces, con su madre en Moratalaz, y estaba a la espera de que le fuera concedida la beca Erasmus para Alemania. Un viaje de estudios que llevaría a cabo manteniendo su romance a distancia. De hecho, fue poco después de regresar a España, en el año 1999, cuando se quedó embarazada.
El nacimiento de la pequeña Carla que llega al mundo con dos meses de antelación -nació por cesárea en un hospital de Madrid en el verano del año 2000- obliga a la familia Ortiz Rocasolano a cambiar sus planes de verano, y a que Paloma, de vacaciones en Tenerife con su hija Telma, regresara a Madrid de inmediato para estar junto a la más pequeña. Erika que pasa entonces por la dolorosa experiencia de tener que separarse de su hija recién nacida durante las dos o tres semanas que ésta permanece en una incubadora para ganar peso, recibe en todo momento el cariño y el apoyo de los suyos.
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