Erika y Antonio se trasladan tras el comopromiso de los Príncipes de Asturias a la casa que doña Letizia se había comprado en Valdebernardo
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El estatus civil de la pareja no llamó especialmente la atención en un momento en el que todos los objetivos se centraron en conocer a fondo la existencia de una periodista llamada a ser Princesa de Asturias
8 FEBRERO 2007
En busca de una mejor oportunidad
Son tiempos difíciles para esta pareja que no termina de encontrar trabajo. Por ello, y aún no habiendo cumplido Carla su primer año de vida, Erika y Antonio, toman la determinación de trasladarse a Oviedo a la búsqueda de una mejor oportunidad. Cristina Ortiz, madrina de la Princesa de Asturias -fallecería poco tiempo después de una terrible enfermedad- les brinda su casa y es entonces cuando deciden dar el paso definitivo. La pareja, que tienen intención de instalarse definitivamente en el Principado de Asturias, pide una subvención al Gobierno autónomo –nunca llegarían a cobrarla- y se compran una casa para rehabilitar en un pueblecito de ambiente rural a orillas del río Sella. La adquisición resulta ser un mal negocio y la casa, literalmente hablando, se les viene abajo.
De nuevo, en Madrid
Aunque Antonio trabajaba en una cantera en Les Roces (Cangas de Onis) donde talla piedra por pedidos y reciben ayuda incondicional de la abuela Menchu Álvarez, la calidad de vida de la pequeña familia empeora por momentos. Por ello, y sin perder la ilusión, Antonio y Erika deciden volver a Madrid para probar suerte de nuevo en la capital.
Sin trabajo y sin dinero, se instalan en la casa de Paloma Rocasolano donde vivirán durante algún tiempo hasta que encuentran un apartamento. Erika vende libros a domicilio para la editorial que acabaría dándole un puesto fijo y de responsabilidad. Fuerte y luchadora mantiene la ilusión de prosperar con su familia y aprovecha los pocos ratos libres para esculpir y pintar en una de las pequeñas habitaciones que tiene su casa. Cuadros que a día de hoy disfrutan y han recibido con motivo de alguna celebración su madre, sus abuelos y la Princesa de Asturias.
El compromiso de los Príncipes de Asturias
Al mismo tiempo, Antonio consigue una sustitución en el Ayuntamiento de Madrid y pasa a formar parte del equipo de limpieza del servicio nocturno de la ciudad. El joven artista, que no regatea esfuerzos a la hora de sacar a los suyos adelante, no oculta que su origen es humilde –su padre perteneció al personal laboral de la Complutense de Madrid y su madre es ama de casa- y lleva con orgullo la condición de pertenecer a una familia honesta y trabajadora a la que todos aprecian en el barrio donde creció: “Antonio es un bohemio, pero vale mucho y es un gran artista”.
Corren los últimos meses del año 2003 y salta la noticia del compromiso de los Príncipes de Asturias. Los periódicos y las revistas nacionales llevan a sus páginas el quién es quién de la familia dando por hecho que la hermana de doña Letizia y el escultor están casados. El estatus civil de la pareja no llama especialmente la atención en un momento en el que todos los objetivos están centrados en conocer a fondo la existencia de una periodista llamada a ser Princesa de Asturias. Entre la familia se comenta el tema e incluso se plantea la posibilidad de hacer saber que no han contraído matrimonio. Finalmente, y sin dar explicación alguna sobre su estado civil, deciden pasar por alto una información que los medios de comunicación dieron por buena.