Carmen Cervera ha enviado un comunicado para agradecer a Ruiz gallardón por el plazo que ha dado para presentar alegaciones al proyecto de remodelación del paseo del Prado
"A mi hijo le doy los consejos justos. Borja tiene su propio criterio, prefiere decidir él", señala Carmen Cervera durante la entrevista
17 MAYO 2006
-Pasará a la Historia como la mujer que impulsó la más importante transferencia de pintura a España. ¿Cómo recuerda aquellos años?
Han sido catorce años muy complicados,
con una guerra familiar de
por medio, pero con mucha ilusión.
Mi marido, Hans Heinrich, deseaba
que la colección permaneciera unida
en un espacio prestigioso y en una
ciudad europea. Aposté por Madrid.
Hoy me hace muy feliz saber que el
Thyssen-Bornemisza es uno de los
museos más visitados del mundo.
—Debe de ser un orgullo ver su colección
privada colgada al lado de la
de su marido. Pero, dado que es un
préstamo por once años, ¿qué sucederá
después?
Aún no lo sé; estoy en conversaciones
con la ministra de Cultura,
Carmen Calvo, para ver qué ocurre
con la colección.
—¿Cuál ha sido su última adquisición?
Un Urculo. Es una obra especial,
diferente a todo lo que él hizo; es una
silueta de mujer de pie. Eduardo Urculo
es un buen pintor.
—De la mano de su marido, entró a
formar parte de un mundo exclusivo,
de dinero y poder. ¿Se ha sentido una
mujer envidiada?
Entré en un mundo maravilloso,
impresionante, pero no he sentido la
envidia. El destino y el amor han marcado
mi vida; he procurado asimilar
muy bien todo y aprender lo máximo
de los que me rodean.
—¿Fue el barón Thyssen el hombre
con el que más complicidad compartió?
Sí, Heini y yo nos decíamos todo
con la mirada; nos sobraban las palabras,
nos adorábamos, fue el gran
amor de mi vida. Con Lex Baxter, mi
primer marido, también viví una
época maravillosa, apasionada, joven,
divertida, sin apenas responsabilidades.
—¿Y qué recuerdos guarda de Espartaco
Santoni?
Su hija Paola, que es una mujer
encantadora y dulce, dos días después
de morir Espartaco, me trajo, por expreso
deseo de él, un precioso ramo
de flores con una tarjeta que él me había
escrito. Santoni, que era una persona
única, solía escribir cosas muy
románticas, pero, conociéndole
como le conocí, estoy convencida de
que a todas sus mujeres les envió un
ramo de rosas y una tarjeta. Mi matrimonio
con Espartaco no fue válido,
porque él era bígamo.
—¿Qué la enamoró del barón
Thyssen?
Aparte de ser un caballero, me
enamoró su integridad y honestidad.
Era guapo, elegante, muy apuesto. Le
veía caminar de espaldas y me moría,
tenía unos hombros extraordinarios.
He sido muy feliz con él, y él conmigo
también, todos los días me decía que
estábamos en la misma onda.