La Duquesa posa en la primera planta del palacio con el espectacular traje que su modisto
fetiche, Tony Benítez, le hizo para una fiesta en el palacio real
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El diseñador junto a Cayetan en una de las estancias de su casa
4 ABRIL 2006
Cayetana, duquesa de Alba, empezó siendo
famosa nada más nacer, incluso antes de
nacer, pero con el tiempo, y a veces incluso muy
a pesar suyo, se ha convertido en un personaje
“popular”, de las más populares de España. Porque
Cayetana Fitz-James Stuart y Silva es noticia
desde aquel día que vino al mundo, hija de uno
de los más legendarios personajes de España,
del duque de Alba. Cuarenta títulos la cercan.
Es grande de España por títulos y honores, pero
en los últimos años incluso se ha hecho más
grande si cabe, o grande de otra manera, no
sólo ya grande por la larga vida que ha vivido,
sino también porque siempre está cuando se la
llama, para una obra benéfica, para una fiesta
popular, para estar donde tiene que estar, porque
en escasas, muy escasas ocasiones, Cayetana
está donde no tiene que estar, y si está es contra
su voluntad. Así que se ha convertido en una referencia
en la vida diaria de su país, a su aire,
con su clase especial, sobre viento y marea, sin
hacer daño a nadie, soportando y sonriendo.
Hasta vistiendo tiene su fascinante personalidad.
La conozco desde hace cuarenta años, desde
que hicimos juntos su primer libro de Memorias,
“La duquesa descalza”, en sus casas de Málaga,
Sevilla y Madrid. Nos vemos lo justo, y a veces
recibo una carta suya, azul, con membrete
Alba, en la que, a mano, me da las gracias por
algo que he dicho o he escrito de ella. Y el otro
día, que la vi salir del cine, que le gusta mucho,
nos saludamos como dos viejos amigos. Ahora
vuelvo a conversar con esta criatura excepcional,
más sureña que yo, que ya es decir —porque
ella ha elegido ser andaluza por sentimiento—,
pero para hablar de moda, aunque ella
ahora mismo está de moda por otras cosas, de
las que no quiere que hablemos.
—Así que si quieres empezamos hablando de
moda. El modisto Tony Benítez te ha elegido
como su musa. ¿Desde cuándo le conoces?
Desde hace muchos años, muchísimos.
Tony es sevillano, acaba de cumplir los setenta
y tiene talante de un muchacho. Es soltero,
solterón, diría yo, y ha contado en varias ocasiones
que ha estado más de una vez para casarse,
pero que al final lo pensó bien y no lo hizo. Empezó
desde abajo, vendiendo botones por las casas
de moda. Ha firmado y firma vestidos, trajes
de la Reina y las infantas. Pero a la que viste con
más asiduidad es a la duquesa de Alba. Ella dice
de Tony con su voz de niña: “Me gusta el gusto que tiene, su variedad y
su colorido. Es, además, un modisto muy anda-
luz, muy juvenil y me visto con ropa suya sobre
todo si voy a algo importante. Para diario no,
porque me divierte ir a sitios diferentes y llevarme
las cosas hechas, porque lo que es probarme
es algo que detesto, pero que sepas que los trajes
importantes siempre, siempre, son de Benítez.
Voy a su casa, elijo y después me prueba o
en Las Dueñas o en Liria, según donde esté. Es
además una persona sencilla, encantadora y
maravillosa. Acierta muy pronto.”
—¿El último por ahora?
El de la boda del príncipe de Asturias.
En su espléndido guardarropa, Cayetana tiene
ocho vestidos de Benítez.