Los testigos de la tragedia abandonan el lugar de la explosión envueltos por una nube de humo y polvo
El alcalde de Nueva York ha recomendado a la población que permenezca en su casa y ha hecho un llamamiento a la calma de todos los neoyorquinos
Los hospitales de la ciudad de los rascacielos han quedado colapsados
11 SEPTIEMBRE 2001
La Isla de Manhattan ha quedado aislada del mundo. Los accesos a la ciudad han sido cortados. Los puentes, los túneles, las vías de tren, los aeropuertos han sido tomados por el ejército.
Los neoyorquinos no pueden comunicarse. Desde ningún punto de la ciudad se puede acceder a Internet. Los teléfonos móviles no funcionan. Los atentados han destruido la mayoría de las antenas de telefonía celular instaladas en la cima de los dos edificios símbolo del país más poderoso del mundo.
La gente confusa y aterrorizada, se siente protagonista de una película de ficción que supera con creces todo lo que se ha podido rodar para este género hasta el momento presente. El coloso en llamas, Independence Day, Godzilla ni por asomo han provocado tanto desconcierto como lo sucedido hoy en EEUU.
Colapsados por la gran tragedia
Las autoridades de Nueva York han movilizado a 44.000 policías y 14.000 bomberos que trabajan, sin desmayo, intentando rescatar a sus conciudadanos. El alcalde, Rudolph Giuliani, de Nueva York ha recomendado a la población que se quede en sus casas, que no salgan al exterior para facilitar que los heridos sean trasladados a los hospitales de los alrededores, porque, "subrayó el número de muertos podría ser, mucho mayor de lo que ninguno de nosotros podemos resistir".
Rudolfh Giuliani pidió al Gobierno que "sellara" la ciudad por mar y aire, dos buques de guerra se han situado en la bahía de Nueva York, y el ejército está preparado para derribar cualquier avión o helicóptero que sobrevuele la ciudad.
En busca de donantes
En los centros Médicos, el personal sanitario
confirma que centenares de personas tienen quemaduras de la cabeza a los pies; que se necesita sangre, y que la confusión y ansiedad sigue siendo la protagonista en una situación de máxima alerta.
Los miles de víctimas han sido etiquetados con tarjetas de colores: Negro, para los fallecidos o agonizantes; rojo, para los heridos muy graves; amarillo, para los heridos graves y verde para los leves... Y la ciudad, después de haber vivido escenas que nunca imaginaron ni en la peor de las pesadillas,poco a poco se ha ido paralizando. Tiendas, colegios, bibliotecas... todo permanece cerrado, aunque los neoyorquinos buscan agua y alimentos desesperadamente.
Una brutal ola de atentados en Estados Unidos siembra el pánico en el mundo