Olímpico como los Reyes
El Príncipe, como el resto de los miembros de la Familia Real, ha destacado por ser un gran deportista. Ha mostrado interés prácticamente por todos los deportes, pero si ha decantarse por alguno sus preferidos son el esquí y la vela.
De casta le viene al Príncipe sus aptitudes en el deporte blanco. Tanto don Juan Carlos como doña Sofía son dos excelentes esquiadores y han inculcado a sus hijos su pasión por el esquí. Sin embargo, ha sido la vela la actividad deportiva que le ha reportado más alegrías, como continuar la tradición olímpica familiar -tanto por parte paterna como materna. El 25 de julio de 1992, el Príncipe vive una jornada inolvidable cuando aparece en la pista del Estado Olímpico de Montjuïc como abanderado del equipo español en la ceremonia de inauguración, ante la Familia Real al completo.
“Aquello fue increíble, completamente increíble. La primera imagen que tuve fue ver a mi hermana la infanta Elena llorando. Estaba intentando hacer una foto con la cámara, pero no pudo seguir y se echó a llorara lágrima viva. Representar a España en las Olimpiadas creo que compensa a los deportistas de todos los sacrificios que hayan hecho para merecer tal honor. Ser olímpico es el cúlmen para cualquier deportista, al margen de la clasificación que obtenga”.
Continúa teniendo un físico envidiable a sus 40 años. Y es que no abandona nunca su rutina deportiva que le ayuda a “mantener el equilibrio vital”.