Un Príncipe con la 'edad del pavo'
A medida que crece, Felipe va ocupando los últimos lugares de la clase, porque con su estatura no deja ver a los que se sientan detrás. También empieza a tener problemas para meter las piernas entre el asiento y la mesa. “¡Casi tuvimos que hacerle un pupitre especial!”, recuerda el director.
Se está haciendo mayor y, como cualquier joven adolescente, tampoco el Príncipe se libra de la ‘edad del pavo’, que no entiende de condiciones ni de clases. Pierde en estos años interés por sus estudios, se muestra rebelde, inconformista y desmotivado. Suele acostarse muy tarde entonces porque no se despegaba de su querido telescopio, regalo de su abuela materna, la reina Federica. La astronomía es una de sus pasiones y la culpable de que le cueste enormemente madrugar. Los Reyes reaccionan pronto y las notas de don Felipe volvieron a la normalidad.
Los Reyes deciden que sus tres hijos salgan pronto de palacio para dejar de estar a la sombra de sus padres y aprender a afrontar las dificultades por sí mismos. El Príncipe estudió COU en Canadá, en palabras de la Reina, porque “a Felipe, de pequeño, entre todos lo habíamos malcriado. Le gustaba dormir mucho y madrugar poco, tendía al capricho, a hacer lo que le daba la gana, a salirse con la suya... Por eso convenía exigirle. Nos planteamos mandarle a campamentos; y después, a un internado fuera, lejos: que pasara por ese potro antes de ir a las academias militares. Allí, todo es disciplina a palo seco, ¡tarariiii!, suena la corneta y, si te quedas en la cama, se te cae el pelo. Yo reconozco que el Lakefield de Canadá fue muy duro, sin familia, sin amigos, a veintitantos grados bajo cero... ‘¡Qué frío estará pasando mi niño!’, pensaba yo. Pero volvió hecho un hombre”, confiesa la reina Sofía a Pilar Urbano.
Don Felipe reconoce años más tarde a Urbano que no fue fácil estar lejos de casa: “En Canadá es donde yo libré mi primera batalla importante. Tuve que enfrentarme a la lejanía de mi familia, de España, de mis amigos. Solo, desenvolviéndome en un idioma distinto, con un clima y unas costumbres que desconocía. Y siendo uno más. Pero yo quería vivir una experiencia como ésa. Era un reto que necesitaba superar. Creo que valió la pena”.