Los años dorados del cole
Don Juan Carlos y doña Sofía coinciden en que quieren para su hijo “una formación lo más completa posible, pero que a la vez estudiara como un chico cualquiera”. Tras una larga y pormenorizada búsqueda de colegios, se decantan por el de los Rosales, y aciertan. “Los años más felices fueron los de mi niñez, en el colegio de los Rosales. Hice excelentes amigos, que aún conservo. Fue la época más feliz de mi vida”, confiesa años después don Felipe.
Lo es desde el primer día de escuela: “El niño se quedó completamente tranquilo, al contrario que la mayoría que llegaban llorando y pasaban unos días fatales. Pero él tenía una ganas tremendas de ir al colegio. Se quedó aquí contentísimo”, dice una de sus profesora. El pequeño se integra rápidamente y se siente como uno más de “una gran familia”, tal y como deseaban sus padres, y sus compañeros y amigos se dirigen a él como “Felipe, macho” o “Felipe, tío”, igual que harían con cualquier otro “Felipe”. “Los Reyes insistieron mucho desde el principio en que fuese un alumno más. Y esto ha sido una constante. Aquí, para todos, ha sido toda la vida ‘Felipe’, y no el Príncipe: para compañeros, profesores... Por encargo de los Reyes, se le ha tratado como uno más”, reconoce una de las profesoras del centro.
Se muestra muy participativo y, por lo general, cumplidor. Y es que Felipe reside en La Zarzuela y no le resulta nada fácil adquirir material escolar, por lo que, en más de una ocasión, debe excusarse por no llevar de un día para otro lo que le han pedido: “Es que en mi calle, no puedo comprarlo porque no hay tiendas”. También es poco peleón: “Sólo asomaba un carácter fuerte cuando consideraba que se había cometido una injusticia con él, como una nota o una regañina”, confiesa una de sus profesoras.