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Pero no sólo era el dinero. En 1987, una Diana sin guantes le estrechó la mano a un paciente en la inauguración del primer sanatorio británico para enfermos de sida. El gesto ayudó a combatir el estigma y el prejuicio asociado con la enfermedad.
Y en su trabajo con los niños, no sólo posaba con pequeños enfermos de cáncer; también hablaba con ellos, los escuchaba y los cogía en brazos.
"Nadie podía dirigir la mirada sobre un problema como ella", afirmó el cofundador de la Landmine Survivors' Network (Red de Supervivientes de Minas Antipersona), Ken Rutherford. |
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