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Su labor como embajadora de causas humanitarias fue una tarea de largos años. Antes de experimentar una especie de revelación, había prestado su nombre, más que su tiempo, a algunas buenas causas. "De repente notó que en el momento en que ella llegaba a un evento para recaudar fondos, se conseguía dinero", explicó la ya fallecida directora de la legendaria Harper's Bazaar. "A pesar de que no le gustaba demasiado vestirse de fiesta y dar un discurso, se dio cuenta al hacerlo que obtenía un montón de dinero".
La fascinación que el público sentía por la Princesa se tradujo en incontables cheques en blanco a favor de organizaciones benéficas. En una subasta, ella bromeó con Lord Jeffrey Archer, "Si Jeffrey quisiera, yo firmaría este mantel y conseguiríamos otras 11.000 libras". Sin perder un segundo, Jeffrey gritó: "¡Señoras y caballeros, su Alteza Real ha aceptado firmar este mantel!". Se equivocó: se vendió por 12.500 libras. |
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