Las vidas no se repiten
Su infancia libre en la Provenza, su relación con el mundo real más
allá del protocolo estricto de palacio, y el saberse protegida por
todos -su propio abuelo ha dicho que su nieta es una joven a la que
hay que cuidar, para luego no lamentar errores- permite a Carlota
asumir con naturalidad su vida y su papel oficial. Carlota posee una
belleza ilimitada y personal, pero no es una copia de su madre. De
hecho, no tiene porque vivir la misma vida que vivieron sus antecesoras.
Las vidas no se repiten y, de momento, a la nieta de Raniero,
además de su familia, sólo se le conoce una pasión: La hípica. Un
deporte al que se entrega por completo ya que es extremadamente perfeccionista.
Sus aspiraciones, por lo tanto, podrían ser otras muy distintas a
las que pudo tener su madre, la princesa Carolina, o su tía
Estefanía, con la que tanto se la compara. De hecho, y al menos,
hasta el momento, podría decirse que Carlota tiene caprichos modestos
y poco llamativos. No es extravagante, no da la nota -no se pone un
piercing o un tatuaje-, y no disfruta de las noches de París |