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CAROLINA EN EL BALCÓN.
Se asomó al balcón siendo tan sólo un bebé que acababa de llegar al mundo y, desde entonces, cuando han pasado ya 44 años, la Princesa de Mónaco jamás ha podido permitirse vivir alejada de esta dependencia por largo tiempo. En los primeros años, cuando sólo era una niña, lo visitaba con sus padres, la princesa Grace y Raniero, que luchaban desesperadamente por atraer, con su modelo de familia y monarquía, a la aristocracia más acaudalada de Europa y del mundo. Después, cuando ya había sido elegida como la novia de Europa, para hacer partícipe al mundo, de sus alegrías y sus tristezas. Su boda con Junot, el divorcio, la muerte de su madre, Grace Kelly,su nueva
boda con Stefano Casiraghi, el nacimiento de los hijos… Andrea, Carlota, Pierre, la muerte de Stefano, el matrimonio con Ernesto de Hannover, la llegada de Alejandra… En un suspiro, y sin que el tiempo tampoco le perdonara por el sólo hecho de ser la princesa más bella, Carolina pasó de asir la mano de su madre a llevar la de sus hijos en el reducido espacio de un mirador con balaustrada. Un balcón al mundo desde el que la familia Grimaldi ha puesto en escena los momentos más importantes de su existencia como saga y dinastía