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Cumple quince años y lo celebra con una fiesta privada. Como hacía
Carolina en su adolescencia, ha elaborado su lista de invitados, ha elegido
el menú y un vestido exclusivo. Probablemente, como las damas Grimaldi,
soplará las velas con urgencia queriendo que se consuman deprisa
para cabalgar sobre el tiempo, para ser más mayor. Ella sabe y actúa
a sabiendas de que ha heredado tributos y bondades; belleza, clase, estilo
e inmensa capacidad de seducción. Todos los dones necesarios para
conducir su vida hacia un destino excepcional. Porque ella, auténtica
heredera de la dinastía Grimaldi, asegura, como nadie, con su existencia
el glamour y el poder de Mónaco. |
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