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RELACIONES CON OTRAS MONARQUÍAS
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Como una gran familia, las monarquías
del mundo aprovechan los grandes acontecimientos
históricos o familiares para reunirse en cualquier
parte del planeta. La celebración de unas bodas
de oro -la de Isabel II de Inglaterra, por ejemplo-
; la de un cumpleaños muy especial -el medio siglo
de Harald de Noruega-; matrimonios de príncipes
-las bodas de la infanta Elena, la infanta Cristina,
Alexandra de Dinamarca, Alexia de Grecia, Alois
de Liechtenstein, etcétera-; ceremonias bautismales
como la celebrada en Londres con motivo del bautizo
de Constantino Alexios, hijo de Pablo de Grecia
y Marie Chantal-Miller, etcétera son la excusa perfecta
para que los representantes de las casas reales
de todo el mundo -la mayoría de las veces, además
de Jordania y Marruecos, los encuentros quedan reducidos
a Europa- se encuentren para festejar, juntos, sus
mejores momentos. En todas estas naciones europeas
-España, Reino Unido, Países Bajos, Dinamarca, Suecia,
Noruega, Bélgica, Luxemburgo, Mónaco, Liechtenstein-
las familias reales son, en cierta manera, las familias
de todos los ciudadanos. La sucesión de todas las
generaciones que han ido escribiendo la historia
de sus naciones. El símbolo nacional del presente
y del pasado. La permanencia de la tradición en
el futuro. La prueba viviente de que, por haber
sabido adaptarse a los nuevos tiempos, se han ganado
a pulso su continuidad histórica.
Don Juan Carlos y doña Sofía, el mejor ejemplo de
todo lo escrito en líneas anteriores, se han consagrado,
en estos 25 años de tantas y tan profundas transformaciones,
como una gran referencia de la democracia española,
europea e iberoamericana en todos los países y para
todos los estamentos. Sus relaciones con las casas
reales de todo el mundo, por ejemplo, son una buena
prueba de ello. No en vano, los Reyes de España
y su familia han estado presentes en todas las ocasiones
en las que las coronas del viejo continente tenían
algún acontecimiento que celebrar o que llorar.
Porque, doña Sofía y don Juan Carlos no sólo acompañan
a sus amigos en los dulces momentos de la vida.
No. Nuestros Reyes y sus hijos, también se visten
de negro para consolar a los que sufren una pérdida
familiar en la mayor de las penas y las tristezas.
Los Reyes de España, soberanos de una democracia
parlamentaria, han conquistado con su carisma, su
discreción y su bondad todos los reinos.
Y, ahora, en cada uno de ellos, sin excepción, son
recibidos, además de con todos los honores, con
los brazos abiertos. |
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