El tres de mayo, días después de
que la Casa Real anunciara el compromiso matrimonial entre
la infanta doña Cristina e Iñaki Urdangarín, los novios
realesse presentaron ante los fotógrafos paseando por
los jardines de la Zarzuela y cogidos de la mano. Eran la
siete de la tarde de un soleado día de primavera y, por
primera vez, se podía fotografiar a la pareja que, durante
ocho meses, había conseguido mantener su relación en la
más estricta intimidad. Desde las escaleras del palacio
de la Zarzuela, donde posaron con sus respectivas familias,
-habían sido adornadas con numerosos y multicolores centros
florales-, doña Cristina dijo que habían decidido casarse
en Barcelona porque, "es mi lugar de residencia y, también,
porque allí fuese donde nos conocimos de verdad". La infanta
recibió como regalo un anillo de diamantes y el novio, un
modelo de reloj de Audemars Piguet igual que el del Rey
y el del Príncipe
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