| Uno de sus primeros barcos, tras
dar sus primeros pasos en la escuela mallorquina de Calanova,
fue el Incognito. Doña Cristina tenía entonces nueve
años, pero su padre ya le había transmitido para siempre
su pasión por el mar. "Todos en la Familia Real, -comentó
el Rey, hace años, en una entrevista- llevamos el mar en
la sangre y sólo nos sentimos verdaderamente libres cuando
nos encontramos a bordo del Fortuna. "Hay muchas
cosas hermosas en el mundo -dijo la infanta Cristina-, pero
ésta, la vela es incomparable. Algo como poder disfrutar
de la naturaleza, desconectarse un poco, cargar energías….
El deporte es decisivo en la formación de la personalidad.
Ayuda a equilibrar el carácter y a comprender mejor la vida
real porque, en el deporte, uno tiene que valerse por sí
mismo en lo bueno y en lo malo" |