En 1993, el rey Balduino
I -casado desde 1960 con la reina Fabiola de Mora y Aragón- fallece
sin descendientes que le sucedan en el trono. Su hermano, Alberto
II -Príncipe de Lieja-, y su esposa, la princesa Paola, le
suceden y se convierten en los nuevos Reyes de los Belgas,
frente a su hijo mayor, el príncipe Felipe, que era demasiado joven
aún para reinar. Su perfecto conocimiento de las relaciones internacionales
y de la política interior fue, de hecho, una de las razones por las
que Alberto II -y no su hijo- asumió el gobierno de
Bélgica. Un país muy pequeño, dividido en tres comunidades -la flamenca,
la valona y la alemana- y en tres regiones -Flandes, Valonia y Bruselas-,
donde existen graves confrontaciones lingüísticas y políticas.
Los reyes Alberto II y Paola forman un matrimonio sólido y
estable, que aún habiendo atravesado una grave crisis matrimonial
en los primeros años de convivencia, supieron reconducir sus vidasy
ganarse, con su discreción y sensatez, el respeto y el cariño de los
ciudadanos belgas. La Familia Real Belga, cabeza visible de una monarquía
parlamentaria, tiene puestas sus esperanzas dinásticas en el Príncipe
Felipe y en su esposa, Matilde, que será la primera
Reina belga nacida en Bélgica de la historia.
|