En el principado la vida era diferente. Raniero trabajaba mucho, y Gracia andaba muy ocupada con todos esos deberes que le habían asignado como Princesa
Pinche sobre la imagen para ver más fotografías
A pesar de que su nuevo país se llamaba Mónaco, creo que el no perder contacto con los Estados Unidos le sirvió a Gracia para educar a sus hijos como niños normales
12 SEPTIEMBRE 2007
El 23 de enero de 1957 nacía Carolina y un año después el príncipe Alberto. Raniero trabajaba mucho; y Gracia, también, porque a sus deberes de princesa (se dedicó a ser una buena embajadora y fue la principal impulsora de grandes acontecimientos sociales como la Gala de la Cruz Roja o el Baile de la Rosa) unía los de madre. Ella quería estar con sus hijos. Aquellos primeros años, en que la vida transcurría plácidamente y los niños eran pequeños, fueron posiblemente los más felices de su vida.
Los malos ratos se esfumaron
“... En el principado la vida transcurría plácidamente. Raniero, ocupadísimo, intentando hacer florecer la economía de su país... Gracia disfrutando de los días a los que se entregaba como madre y princesa... Los niños creciendo, vistas a fuera la vida parecía idílica; vistas a dentro algo fallaba...
Raniero y mi hermana querían más hijos, pero no lo lograban. Dos abortos hicieron pensar que quizás no lo conseguirían nunca hasta que, a principios de febrero de 1965, Estefanía vino al mundo y los malos ratos se esfumaron como el humo. Kell se convirtió en el padrino de la recién nacida y sus hermanitos descubrieron un nuevo juguete”.
“Animados por el éxito decidieron seguir adelante: ‘al menos cuatro’. Dos años tenía Etefanía cuando Gracia se quedó de nuevo embarazada. A principios del verano del 67 los Grimaldi, excepto Estefanía que estaba con nosotros, se encontraban participando de los festejos de la Exposición Universal de Montreal, cuando al segundo día se sintió indispuesta. El bebé, un niño, había muerto un mes antes, Gracia no tendría más hijos”.