El soberano acudió a las tradicionales celebraciones de San Juan acompañado por su inseparable novia dando muestras de que la relación va viento en popa
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Acostumbrados a verles juntos exclusivamente en actos con trasfondo deportivo, la pareja ha comenzado a prodigarse en acontecimientos de diversa índole en el Principado
28 JUNIO 2007
Las hogueras de San Juan crepitaron la madrugada del pasado sábado con el encargo de miles de deseos y, entre ellos, seguro dos muy preciados para los medios de comunicación monegascos y del mundo entero: los del príncipe Alberto y Charlene Wittstock. El soberano, que parece que juega al despiste en lo que a sus planes de futuro se refiere, acudió a las tradicionales celebraciones acompañado por su inseparable novia dando muestras de que la relación va viento en popa. Esta nueva aparición, igual a las anteriores en muestras de cariño, gestos de complicidad, en caras felices y enamoradas..., supone de alguna manera un nuevo avance. Y es que, acostumbrados a verles juntos exclusivamente en actos con trasfondo deportivo, la pareja ha comenzado a prodigarse en todo tipo de acontecimientos en el Principado.
Pero los monegascos no las tienen todas consigo.
Alberto II prometió a sus conciudadanos que se casaría nada más asumir el trono y, aunque todo parece indicar que está dispuesto a cumplir con su palabra, a estas alturas ya no saben qué pensar. Por un lado, creen que esta vez el Príncipe va completamente en serio y que Charlene se convertirá en la nueva Grace del Principado. Por otro, tanta ida y venida en un noviazgo no oficial y, sobre todo, que Alberto siga manteniendo la postura de que no se casa de momento (aludiendo a que este año se dedicará a recordar a su madre por el 25º aniversario de su muerte), también les da mucho que pensar.
Todo apunta a que esta vez Alberto de Mónaco sí pasará por el altar
Alberto de Mónaco y Charlene formalizan su relación en una nueva cita deportiva