La Infanta cumplió con la tradición de la Familia Real de acudir el primer viernes de marzo a venerar al Cristo de Medinaceli, a quien visitan más de 400.000 fieles de toda España
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Doña Cristina, en el momento de besar el pie al santo, una de las imágenes religiosas más veneradas de Madrid
2 MARZO 2007
Como cada primer viernes del mes de marzo, miles de ciudadanos anónimos han acudido desde primera hora de la mañana de hoy a rendir culto al Cristo de Medinaceli en Madrid. Representando a la Familia Real y continuando con su tradición de más de trescientos años de besar el pie del santo, la infanta Cristina llegaba alrededor de las once de la mañana a la basílica de Jesús de Medinaceli, ubicada en el centro de la capital española. La Duquesa de Palma fue recibida por el vicario principal, José Luis Aparicio, y el superior, Inocencio Egido, de los frailes Capuchinos, encargados de custodiar la imagen desde 1895.
Como ha sucedido en anteriores ocasiones con otros miembros de la Familia Real, los madrileños congregados en el templo expresaron con aplausos su afecto y simpatía hacia la Infanta, que quiso corresponder el cariñoso recibimiento estrechando la mano de los que se encontraban a ambos lados de la nave central del templo. Después de una oración, doña Cristina se acercó a la imagen para besar su pie derecho y a continuación se reunió con los religiosos y con los miembros de la archicofradía del Cristo en la sacristía.
La segunda hija de los Reyes no realizaba esta visita desde el año 2000. El año pasado fue doña Sofía quien acudió a la basílica para cumplir con la tradición; el año anterior lo había hecho don Juan Carlos y en 2004, el príncipe Felipe, que ya había venerado el Cristo en 1996 y 2003, pero que entonces lo hacía acompañado por primera vez por doña Letizia.
La popular veneración del Cristo de Medinaceli, una de las imágenes religiosas de Madrid más veneradas realizada por la escuela sevillana en la primera mitad del siglo XVII por encargo del Duque de Medinaceli, se produce cada viernes "porque se recuerda en ese día la Pasión y Muerte de Cristo". La afluencia a la basílica es muy alta durante todo el año, pero especialmente en Cuaresma, período en que se forman largas colas, incluso desde la noche anterior, para entrar a rendir culto al nazareno.