Momento en el que la pequeña Ingrid Alexandra enciende las luces bajo la atenta mirada de su hermano Marius
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Los Príncipes con su primogénita. La pequeña Ingrid Alexandra será algún día reina de Noruega
8 DICIEMBRE 2006
Las navidades son unas fechas para pasar en familia y, llenas de tradiciones. Un claro ejemplo de esto son las imágenes que el jueves ofrecían los Príncipes de Noruega con dos de sus vástagos en la céntrica plaza de Trafalgar Square. Mette-Marit de Noruega había sido invitada a encender el tradicional abeto navideño que, cada año, adorna esta conocida plaza londinense. Un privilegio que la esposa del príncipe Hakoon cedió a la pequeña Ingrid Alexandra de dos años de edad.
Y es que, este árbol está muy ligado con la Familia Real noruega ya que desde 1945, cada Navidad, se lo regalan al pueblo inglés. Todo comenzó después de la II Guerra Mundial. Durante los años de este conflicto, el rey Haakon VII –abuelo del actual Príncipe- pasó cinco años exiliado en Londres al igual que un gran número de noruegos que, huyendo del nazismo, encontraron refugio en Gran Bretaña. Además de asilo, el país británico también hizo todo lo posible por mantener una red de comunicación a través de numerosas emisoras clandestinas para facilitar información sobre los avances de la guerra a los miles de noruegos que se encontraban bajo el dominio alemán.
Una muestra de gratitud
Tras finalizar el conflicto y poder volver a casa nuevamente, el Rey envió el primer abeto en 1947 en señal de gratitud por la ayuda inglesa y, desde entonces, se ha mantenido esta tradición. Este año, la encargada de encender las luces fue la princesa Mette-Marit que, acompañada de su marido y de dos de sus hijos, Marius, fruto de una relación anterior a su matrimonio y la pequeña Ingrid Alexandra, primogénita de la pareja y futura heredera cuando su padre acceda al trono. Quien no fue con ellos fue el pequeño Sverre Magnus que, dada su corta edad, se quedó en Palacio.
Muy crecida para su edad y con un abriguito rosa anudado con un cinturón de cuero marrón, muy a la moda, la pequeña Ingrid fue, finalmente, quien pulsó el botón de encendido, un honor que su madre le cedió y que fue seguido bajo la atenta mirada de su familia.