Felipe V, fundador de la dinastía Borbón, introdujo, en 1713, la ley Sálica en España contra la voluntad de los españoles.
Fernando VII, a lo largo de su reinado, hace y dehace, deroga e impone... Hasta que, poco antes de morir, restablece la ley de partida que autorizaba la subida de la mujer al trono.

2 NOVIEMBRE 2005
El nacimiento de la infanta Leonor ha reabierto el debate sobre la reforma constitucional en materia de sucesión -el texto fundamental del 78 sigue la fórmula preferencial de sexos- y pone de nuevo en el punto de mira al rey Felipe V, el animoso, impositor de la ley sálica en España.
Fue introducida en 1713 por el fundador de la dinastía Borbón contra la voluntad de los españoles, que no eran nada partidarios de esa ley que los franceses se habían sacado de la manga. Además, el pueblo tenía presente, el papel de algunas grandes reinas -Isabel la Católica, la más significativa- en el transcurso de la historia y la ironía de que Felipe V se había convertido en Rey de España gracias a los derechos que había heredado por vía femenina.
Felipe V de España, duque de Anjou, era nieto de María Teresa de Austria, hermana de Carlos II de España y esposa de Luis XIV de Francia. El Rey que lo implantó como Monarca cuando su tío Carlos II, a falta de descendencia, le nombró heredero.
La Pepa y los derechos de la mujer
Durante los reinados que siguen al de Felipe V, Luis I, Fernando VI, Carlos I, no fue tema prioritario en la Corte retomar el viejo asunto de la sucesión en la corona de España hasta que, Carlos IVdecidió que sí era cometido principal de Rey derogar la ley Sálica y establecer la sucesión regular al trono. El soberano suprimió la ley en secreto, en 1789, aunque su actuación pasó inadvertida durante la época que duró su Gobierno. A su vacilante y abúlica personalidad se unían las sombra de la Revolución Francesa y de la guillotina bajo la que había rodado ya la cabeza de Luis XVI, en 1793.
Tras la abdicación de Carlos IV - después del Motín de Aranjuez, los españoles marcados por la tragedia de la Guerra de Independencia deciden convocar las Cortes y éstas proclaman la Constitución de 1812 (PEPA): Soberanía Nacional, división de poderes e igualdad de los hombres ante la ley, que por algo la han bautizado con nombre femenino.
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