Con chaqueta ‘beige’ y pantalones blancos, la mujer del heredero japonés se mostró sonriente y saludable, y fue saludando amablemente junto al Príncipe a las autoridades locales que les esperaban en Nagoya
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Los Príncipes herederos saludan a un miembro de la organización del pabellón británico de la Exposición Universal de Aichi
20 JULIO 2005
En febrero de 2004, todo apuntaba a que la Princesa abandonaría el palacio de Akasaka para asistir a las Olimpiadas especiales de invierno en Nagano, al noroeste de la capital japonesa, y ver así un partido de hockey de atletas con discapacidad. Pero una hora antes, canceló su viaje diluyendo toda esperanza de que se hubiese podido recuperar tras más de un año de enfermedad.
La esposa del heredero retomó sus tareas oficiales en Tokio el pasado mes de enero durante el saludo de Año Nuevo, asistiendo a distintas recepciones como miembro de la Familia Imperial. En los últimos meses, la Princesa ha aumentado sus actividades con asistencias a conciertos y exposiciones de arte. Así, en febrero asistió a una obra de ‘bunraku’ o títeres japoneses y, en mayo, a una ceremonia auspiciada por UNICEF.
La princesa Masako, de cuarenta y un años y graduada en Harvard, se ha visto sometida a una presión constante desde que en 1993 abandonara una prometedora carrera diplomática para casarse con el heredero al trono imperial y se viera obligada a darle un hijo varón, de acuerdo con la tradición de la dinastía. Tras dos abortos naturales, nació la princesa Aiko, la única hija del matrimonio, que por el momento no puede ascender al trono del Crisantemo ya que la ley imperial, ahora en estudio, sólo permite heredar a los varones.