Carlos, con la tradicional falda escocesa, y Camilla, luchando contra el viento, asistieron a un acto religioso, donde recibieron el saludo y los parabienes de los parroquianos.
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Se trata de un lugar paradisíaco, recóndito e idílico, que Carlos solía utilizar para sus encuentros privados con Camilla.
20 ABRIL 2005
Poco ha tardado Camilla en dejar
los diseños de alta costura en
el armario para volver a ponerse el
impermeable verde y el pañuelo en la
cabeza, como más le gusta a ella. Tras
unas semanas de calamitosos preparativos,
del agotador día de la boda y de
la resaca informativa, Camilla, ya duquesa
de Cornualles, disfruta junto al
príncipe de Gales de su paraíso particular
en tierras escocesas. Esos sombríos
y bellísimos parajes en los alrededores
de la mansión de Birkhall
fueron también su refugio preferido
durante más de tres décadas, cuando
su relación era "clandestina".
La pareja tiene que coger fuerzas
ante el inminente segundo asalto: ya
se ha dado a conocer que harán una
gira por el Reino Unido con la intención
de que su popularidad (que aún
cotiza a la baja) suba enteros. Además,
en otoño realizarán una visita a
Estados Unidos, hasta ahora feudo de
Diana. Este viaje, sin embargo, no ha
estado exento de polémica, ya que se
comentó que el Presidente Bush no
estaba dispuesto a recibir a una divorciada
como esposa del príncipe. Al
parecer, ya se han solventado esos
"flecos", y la visita está en marcha tras
el visto bueno de la Reina y de Tony
Blair.
Camilla, que nunca ha tenido que
cumplir un horario laboral y sus obligaciones
se han reducido a su dedicación
a una fundación que lucha contra
la osteoporosis (enfermedad de la
que murió su madre), a partir de ahora
tendrá que adaptarse al regio y estricto
protocolo que marca su rango
de esposa del heredero al Trono y
cumplir los nuevos compromisos de
representación.