Las estancias del castillo de Windsor se habían decorado especialmente para la ocasión. Grandes arreglos florales adornaban los departamentos oficiales del castillo.
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Cuando los invitados llegaron a la Gran Sala de Recepción fueron agasajados con copas de champagne Krug.

9 ABRIL 2005
No ha habido banquete nupcial, ni baile a la antigua usanza, pero sí una recepción privada que la reina Isabel ha celebrado en honor de su hijo el Príncipe de Gales y su esposa en los departamentos oficiales del castillo de Windsor, el salón San Jorge, la Cámara Waterloo y la Gran Sala de Recepción.
Las estancias se habían decorado especialmente para la ocasión. Dos arreglos florales de tres metros presidían la entrada del salón de San Jorge, el lugar donde Eduardo III celebraba los banquetes con sus Caballeros de la Liga. Dos más, de follaje y flores, de alrededor de cuatro metros y medio, adornaban cada salida de la sala, donde hasta 800 invitados alternaron con la realeza.
Los colores temáticos del salón de San Jorge y la cámara adyacente de Waterloo, construida para celebrar la derrota de Napoleón, han sido el crema y el rosa. Un dato que cuando trascendió a la prensa británica, días antes de la boda, provocó numerosas especulaciones sobre la posbilidad de que la Duquesa de Cornualles pudiera haber elegido ambos tonos para su vestido de novia.
Menú nupcial, muy informal
Cuando los invitados llegaron a la Gran Sala de Recepción fueron agasajados con copas de champagne Krug. A continuación, fueron conducidos al salón San Jorge, magníficamente restaurado tras el incendio de 1992, y la Cámara Waterloo, donde se encontraban los miembros de la Familia Real. A través de un ágape informal, los casi 800 invitados degustaron cerca de 16.900 canapés. Bocadillitos de huevo y berro de Cornualles, salmon ahumado, sanwiches de carne asada de venado con jalea de grosella roja de Balmoral, rollitos de camarón con vegetales y queso parmesano.
Para los golosos había un gran surtido de dulces: plátano caramelizado, miniaturas de helado, pastelillos de fresa, dulce de chocolate barnizado de moca, tartas de limón y caramelo, sencillos bollos de crema y mermelada de fresa del Ducado de Cornualles y bizcocho galés de fruta, uno de los postres favoritos del Príncipe de Gales.
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