Los príncipes fueron cazados 'in fraganti' como 'señores de Rodríguez' en Ses Salines, un pueblecito del sureste de la Isla.
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Como cualquier otra pareja de recién casados, los Príncipes desean vivir con total normalidad.
24 AGOSTO 2004
Los Príncipes tranquilizan a la familia
Los Príncipes de Asturias llegan a casa Manolo un poco más tarde de lo previsto, pero confiados en poder cenar algunas de las mayores exquisiteces de la Isla. Son los señores de Rodríguez y tienen una reserva... Las escenas que se suceden en los primeros minutos nada más acceder la pareja al restaurante no son difíciles de imaginar. Don Felipe y su esposa tratan de calmar los nervios de la familia diciéndoles que esperarán en la barra a que alguna de las mesas quede libre y que 'no hay ningún problema'.
Durante los siguientes minutos, los príncipes de Asturias son atendidos por Apolonia quien les recomienda picar almejas y coquinas. Don Felipe y su esposa piden para beber dos cañas.
La situación, excepto para los dueños del restaurante, que reconocen haber pasado un gran trago, tiene su gracia y humaniza, por supuesto, a ojos de todos los comensales a los Príncipes que disfrutan en la barra, sonrientes, como una pareja más en vacaciones, de su aperitivo.
Dos clientes mallorquines, amigos de la familia, llaman a Manolo para pedirle la cuenta cuando ni siquiera se han tomado el postre y ceden su mesa a los príncipes de Asturias quienes, desde la misma barra, agradecen el gesto con un saludo y una sonrisa.
'¡Pero cómo me hacen ustedes esto! Venir sin avisar ', les recrimina el dueño.
'Por seguridad tenemos que hacerlo así, señor Manolo', se disculpa don Felipe.
Aconsejados en todo momento por Manolo, los príncipes de Asturias piden gambas a la plancha, mero, calamares de 'potera brut' – se limpian y se trocean ante el cliente- y pies de cabrito. Un marisco de Mallorca parecido al mejillón, más duro en su textura y más fuerte de sabor, cuya pesca ha estado prohibida durante los últimos quince años.
Para finalizar, los Príncipes de Asturias degustan la variedad de las tartas de la casa y firman en el libro de oro: 'El disfrute ha sido máximo por la comida y el cariño... Esperamos volver pronto, gracias y un saludo a toda la familia'.
Antes de abandonar el restaurante, los Príncipes se fotografían con la familia y reciben de ellos un regalo muy especial: dos cerámicas de flor de sal de las pequeñas islas que se hace en el agua limpísima de las charcas de las rocas.
'Nadie se volverá a sentar en esa mesa de madera de 65 x 60. Para siempre, y por si un día vuelven, las dos sillas, que han sido grabadas con sus nombres, estarán libres', añade finalmente Manolo, el dueño.