El príncipe Felipe acudió acompañado por su esposa, doña Letizia, para encender el pebetero con la antorcha olímpica
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El príncipe Felipe, gran conocedor y amante de los Juegos Olímpicos, encendió el pebetero instalado en la Puerta de Alcalá
27 JUNIO 2004
Y Madrid se vistió de Olímpica desde las 8.40 de la mañana, hora en que la llama llegó a Madrid, a bordo de un avión Zeus. Allí estaba esperándola el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, junto a José María Echevarría, presidente del Comité Olímpico Español, Trinidad Jiménez, Inés Sabanés y Jaime Lizavetsky. El objetivo último: llegar a la Puerta de Alcalá, donde se había instalado un pebetero que el Príncipe de Asturias sería el encargado de encender con la llama recién llegada.
Del metro a las calles
Y qué mejor que recorrer el espacio entre Barajas y Nuevos Ministerios en el metro de Madrid. Una vez en la ciudad, esperaba el primer relevista, nada menos que Manuel Estiarte, quien participó con la selección española de waterpolo en cinco Juegos Olímpicos. Cada cuatrocientos metros unas nuevas manos sostenían la antorcha en su camino hacia la Puerta de Alcalá. Nombres muy ligados al deporte, como la nadadora Nina Jivanevskaia, el judoca Ernesto Pérez, Blanca Fernández Ochoa, o un actor como Gabino Diego.
12,150 kilómetros
La antorcha fue pasando por treinta relevistas, hasta cubrir la distancia de 12,150 kilómetros. La llama visitó algunos de los puntos más emblemáticos de la ciudad, como el paseo de la Castellana, Cibeles, Alcalá, Gran Vía, el Palacio Real, la Puerta del Sol, el Museo del Prado o el Parque de El Retiro.
Al final, estaba esperando la antorcha el príncipe Felipe junto a su esposa, doña Letizia Ortiz. El último relevista fue el ex jugador del Atlético de Madrid Kiko Narváez que hizo entrega del fuego olímpico al alcalde de Madrid.
... Y el Príncipe iluminó Madrid con el fuego olímpico
El Príncipe recibió la antorcha de manos de Ruiz-Gallardón. Emocionado, porque de todos es sabida la pasión de don Felipe de Borbón por el deporte, de hecho actuó como abanderado en los Juegos Olímpicos de 1992, se dirigió hacia el pebetero situado en la Puerta de Alcalá y encendió el fuego olímpico, para multiplicarlo, antes de que la antorcha siguiera su camino hacia Barcelona. Doña Letizia, muy cerca y con un traje blanco que recordaba al día de su pedida, le miraba con cariño. Doña Pilar de Borbón dio un emotivo discurso indicando que aunque la antorcha apenas estaría tres horas en la ciudad, su espíritu permanecería en el corazón de todos.