Algunas de estas joyas, entre ellas la corona, sólo se utilizan en ritos y tradiciones reales tales como capillas ardientes, etc., pero los tiempos cambian y algunas de esas tradiciones también se van abandonando por poco prácticas
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Las joyas de la familia real danesa se conservan en las Reales Colecciones de los palacios de Amalienborg y, sobre todo, de Rosenborg, ambos en Copenhague




12 MAYO 2004
Una joya es una joya cuando está ligada a una historia, cuando nos cuenta algo; por tanto también puede tratarse de un objeto desprovisto de cualquier valor comercial. Las joyas de la familia real danesa se conservan en las Reales Colecciones de los palacios de Amalienborg y, sobre todo, de Rosenborg, ambos en Copenhague. En ellos, aparte de oro, plata y piedras preciosas, hay objetos ligados a los reyes y reinas de Dinamarca como personas, que nos hablan de ellos y de sus relaciones con su tiempo y su familia. Las ropas ensangrentadas que Christian IV llevaba en la batalla de Kolberger Heide, los proyectiles que su amante lucía como pendientes, etc. contribuyen a acercarnos a un tiempo lejano; la ropa y los muebles aún en mayor medida, porque al ser perecederos, al contrario que piedras y metales, nos permiten tocar con los dedos otra época. La formación de la Reina como arqueóloga hace que encuentre estos objetos efímeros, que para ella también son auténticas joyas, doblemente fascinantes.
El palacio de Rosenborg, situado en pleno centro de Copenhague, es un lugar muy especial que Margarita frecuentaba en su niñez. Una de las grandes joyas de Rosenborg son, sin duda, los tapices de Christian V, recuperados para este palacio después de estar mucho tiempo en el de Christiansborg. Para la Reina son una de las joyas indiscutibles de las Colecciones.

El exilio forma parte de la historia
No pocas joyas han acabado fuera de Dinamarca y hay muchos que opinan que deberían volver, pero Margarita II piensa que es muy posible que ese exilio forme parte de su historia, al igual que el hecho de que muchas de ellas no sean obra de artífices daneses, sino alemanes, italianos, etc.
Algunas de estas joyas, entre ellas la corona, sólo se utilizan en ritos y tradiciones reales tales como capillas ardientes, etc., pero los tiempos cambian y algunas de esas tradiciones también se van abandonando por poco prácticas. A la reina Ingrid, por ejemplo, no le gustaba el luto negro, y su entierro y el de su esposo resultaron muy luminosos.

Estandartes de la Guardia Real
La Reina suele pensar en sus predecesores, que recorrieron las mismas salas que ahora recorre ella y usaron esos mismos objetos, cuando enseña los palacios a los invitados, pero sobre todo cuando vagabundea por ellos por cuenta propia.
Otra joya de gran significado para ella son los estandartes de la Guardia Real, que están en Amalienborg y que apenas muere el monarca se


   
 

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