Los diamantes del collar -tiene siete diamantes en forma de pera y los de mayor tamaño son de 21 quilates- se extrajeron de joyas pertenecientes a la reina Carolina Matilde
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Además del collar con siete colgantes, la colección incluye también unos pendientes y broche en forma de ramillete de flores
12 MAYO 2004
Las joyas de la corona danesa sólo puede llevarlas Su Majestad la reina de Dinamarca. En el pasado, han sido lucidas en visitas al extranjero, pero hoy en día la opinión generalizada es que no deben salir del país, por lo que cuando SM la reina Margarita viaja, sólo puede llevar consigo las joyas de la fundación familiar o las de su propiedad.
Cuando las joyas de la corona no están siendo utilizadas, son piezas de exhibición en un museo en el castillo de Rosenborg en Copenhague, junto con el resto de los atuendos festivos de la corona danesa.
La colección de joyas de la corona para uso de la reina en el trono se estableció por voluntad de la reina Sofía Magdalena en 1746 y fue posteriormente aumentada gracias a los regalos de las difuntas reinas y princesas. Para la última coronación de la monarquía absoluta en 1840, la reina Carolina Amalia hizo que la mayor parte de las joyas de la corona se unieran en cuatro conjuntos que consistieran, por ejemplo, en tiara, collar, broche y pendientes.
Diamantes de Carolina Amalia
Este conjunto de diamantes fue elaborado, en 1840, por el orfebre alemán C. M. Weishaupt & Sons para la reina Carolina Amalia y ella lo lució en ocasión de la coronación de su marido. Los diamantes del collar -tiene siete diamantes en forma de pera y los de mayor tamaño son de 21 quilates- se extrajeron de joyas pertenecientes a la reina Carolina Matilde, entre otras; los grandes diamantes en forma de pera se obtuvieron de una antigua joya que se lucía en la cabeza.
Además del collar con siete colgantes, la colección incluye también unos pendientes y broche en forma de ramillete de flores (lleva 543 diamantes y pesa 83 quilates), conocido también como el broche trágico, y pendientes.Los broches en forma de ramillete se pusieron de moda en Europa a mediados del siglo XVIII. El que nos ocupa lo hicieron para Carolina Amalia, esposa de Christian VIII, en 1840. El broche oculta una dramática historia, algunos de cuyos ingredientes son intrigas, pasiones y falta de dinero. Pero también un destino desdichado y una nieta que quiso expiar la culpa de su abuela.
El broche está directamente relacionado con los trágicos acontecimientos que setenta años antes conmocionaron a la monarquía danesa y culminaron con el destierro de una reina y la decapitación de su amante. Un lazo une las flores y, para conferirle color y contraste, cinco de los diamantes son algo más grandes y de color amarillo. Para dotarlo de mayor refinamiento, la gran flor central descansa sobre un resorte y oscila al menor movimiento. La reina Carolina Amalia lo llevaba el día de su consagración con el rey.