7 MAYO 2004
La iglesia de Nuestra Señora, construida en piedra caliza, fue bautizada en 1209. La importancia de la catedral se vio subrayada desde el principio por su estrecha relación con la Familia Real. En el siglo XVI presenció, no sin altercados, la instauración del luteranismo. Sufrió varios incendios graves, como el que provocaron en el siglo XIX los ingleses.
C.F. Hansen fue el encargado de su reconstrucción en el estilo neoclasicista. Muchas celebridades están ligadas a su historia: Kierkegaard, Thorvaldsen y Hans Christian Andersen. La obra del escultor Thorvaldsen está presente en el pórtico y el interior del edificio, obras de mármol que fueron un regalo del artista a la iglesia. La nave tiene 60 metros de largo y puede alojar 1.100 personas.
El interior de Thorvaldsen
Las esculturas de Bertel Thorvaldsen son una de las principales características de la iglesia de Nuestra Señora (Vor Frue Kirke). Lo primero que se ve al acceder a la iglesia es su figura de Cristo. Ante el coro se encuentra el ángel del bautismo y a lo largo de la nave de la iglesia están los apóstoles.
El Cristo del altar
A pesar de que la inscripción errónea del zócalo, “Venid a mí” (Mateo 11,28), nos sugiere un Jesucristo de un momento muy anterior a la crucifixión, Thorvaldsen lo ha representado con las llagas en las manos y la herida en el costado. Se trata, por tanto, del Cristo resucitado tal y como lo conocemos por el evangelio de San Juan, capítulo 20, en el que se aparece a María y los Apóstoles. Escultura realizada con ayuda de P. Tenerani entre 1821-22. El modelo en yeso de 1828 estuvo en la iglesia hasta 1839. Luego se expuso el ejemplar en mármol, obra de 1827-28 ejecutada por P. Bienaime y con muchas correcciones de Thorvaldsen.
Las imágenes de los Apóstoles
Además del ángel del bautismo, que se encuentra expuesto en el coro, destacan las esculturas de los Apóstoles Pablo (Con la mano izquierda sostiene la espada, el símbolo de su martirio, que nos remite a su ejecución en el año 62 durante las persecuciones de Nerón); Pedro (en la mano sostiene las dos llaves del Reino); Mateo (escribiendo su evangelio); Juan (también escribiendo el Evangelio; Santiago el Mayor (con el bastón en la mano derecha y el sombrero colgando a la espalda); Santiago el Menor (la mano izquierda se apoya en un bastón); Andrés (la mano derecha se apoya en una cruz en forma de aspa que nos remite a su martirio en Grecia atado a una cruz con los brazos y piernas extendidos; y Tomás (la escuadra que sostiene en la mano izquierda simboliza la incredulidad de Tomás, que sólo quería creer lo que veía cuando podía medirlo), entre otros Santos.
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