Juan Pablo II Se levantaba sobre las seis de la mañana, poco después se duchaba con agua fría y, una vez vestido, se dirigía a su capilla, donde pasaba una hora en silenciosa y solitaria oración. Ante él, un icono de la Virgen Negra de Czestochowa, patrona de Checoslovaquia y un sencillo crucifijor
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Tras la comida descansaba durante una hora y después, paseaba durante un rato por los jardines del Vaticano. Un momento que aprovechaba para rezar el rosario. Por la tarde, además de cumplir con sus compromisos, el Papa se dedicaba a estudiar la correspondencia y los documentos que esperaban su firma

30 SEPTIEMBRE 2003
El Santo Padre solía despertarse sobre las seis de la mañana. A esa hora podía verse encendida la luz de la última ventana de la fachada sur del Palacio Apostólico lo que era señal de que el Papa se levantaba, después de haber dormido un máximo de seis horas sobre un colchón ortopédico. Se duchaba con agua fría y, una vez vestido, se dirigía a su capilla, donde pasaba una hora en silenciosa y solitaria oración. Ante él, un icono de la Virgen Negra de Czestochowa, patrona de Checoslovaquia y un sencillo crucifijo.
La familia del Papa
El mayordomo papal, Angelo Gugel, y las monjas polacas de la comunidad de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús cuidaban de su aseo y alimentación. Las únicas mujeres que compartían vivienda con el Santo Padre: las cinco novias de Juan Pablo II -todas ellas procedentes de Cracovia- que llevaban una media de más de 20 años en el Vaticano cuando él fue elegido. Sor Matilde era la encargada del vestuario del Sumo Pontífice; sor Fernanda, de las compras; sor Eufrosyna, de la correspondencia privada y el teléfono; sor Germana, de la cocina, y sor Tobiana, supervisora de esas tareas, tímida y discreta, era, por encima de todas, testigo mudo de excepción del íntimo universo del Papa.
También, y muy especialmente, monseñor Stanislaw Dziwisz (en el Vaticano se decía que era como un hijo para el Pontífice), conocido como don Estanislao, era el secretario personal del Papa. Don Estalisnao o Staszek (diminutivo cariñoso que utilizaba el Pontífice para dirigirse a él) era junto a las monjas polacas la verdadera ‘familia’ de Juan Pablo II.
Dedicaba las mañanas a escribir
A las siete y media de la mañana, el Papa disfrutaba de una misa privada y de un tiempo para su meditación. Desayunaba sobre las 8:30 y dedicaba parte de la mañana a escribir. Lo hacía siempre en una mesa que estaba situada en la Capilla, ante el Santísimo y sin gafas. El Papa tenía una visión perfecta hasta casi el día mismo de su muerte.
Sobre las once comenzaba sus compromisos oficiales (despacho y audiencias) y sobre la una de la tarde visitaba con sus invitados la capilla antes de dirigirse al comedor. El Papa nunca almorzaba solo. Le gustaba casi todo: la pasta, el arroz, el pescado, la carne, las verduras, la fruta fresca, el queso, y los dulces, aunque éstos, había tenido que suprimirlos radicalmente de su dieta en los últimos años de su vida.
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