Desde 1981, la Familia Real sueca reside en el Palacio Drottningholm. Una mansión, que el rey Juan III mandó construir a finales del siglo XVI para su esposa, Katarina Jagellonika. Menos de un siglo después de su edificación, exactamente en 1660, aquel primer palacete pereció destruido por un enorme incendio... Casualmente, en aquel mismo año, la reina Hedvig Eleonora había comprado el original Palacio Drottningholm.
Tras aquel desastre, la Reina confió el diseño del nuevo edificio al arquitecto Nicodemo Tessin, quien en 1662 inició la obra del moderno palacio, tal y como hoy lo conocemos. La reina Hedvig Eleonora, que ejerció la regencia del joven rey Carlos XI, presenció una de las épocas más boyantes de Suecia. La paz de Westfalia, firmada en 1648, contribuyó en gran medida a su progreso. Coincidiendo con aquel tratado, Suecia se convirtió en uno de los Estados más poderosos de Europa.
Los interiores del palacio Drottningholm -en su mayoría barrocos- reflejan, de hecho, el lujo que se respira en Suecia a finales del siglo XVII. A la muerte de Nicodemo Tessin en 1682, su hijo Nicodemo Tessin Jr. continuó y completó el extraordinario proyecto que iniciara su padre veinte años antes.
En 1744, el palacio Drottningholm volvió a cambiar de propietario. La princesa Luisa Ulrika de Prusia, casada con el sueco Adolf Fredrik, recibió como regalo de boda el magnífico palacete. La princesa Luisa -una mujer de exquisito gusto- convirtió Drottningholm en un auténtico museo -repleto de obras de arte- y redecoró la mayoría de sus estancias con un marcado estilo rococó francés. Finalmente, en 1777, el Estado compró Drottningholm; fecha en la que también se creó el romántico "Parque Inglés" que encierra el barroco palacio.