El Príncipe de Mónaco, siempre ha estado presente en la vida de sus hijos.
Raniero, aún con el corazón roto por la desaparición de su esposa Grace Kelly, en 1982, ha demostrado tener, durante todos estos años de 'gobierno' en solitario, una fuerza de carácter inquebrantable, a la hora de evitar lo peor: la desintegración de su familia. También, unos brazos muy grandes para recibir a sus hijos cuando, en los momentos más difíciles de su existencia, se vuelven hacia él. No es el caso, en este momento, de Carolina, que felizmente se ha convertido en Princesa Real tras su matrimonio con el príncipe Ernesto de Hannover. Tampoco de Alberto que, aún no habiendo contraído matrimonio, se muestra preparado para asumir la sucesión cuando llegue el momento; aunque sí de la princesa Estefanía, que parece no haber encontrado, a sus 36 años, el rumbo definitivo de una vida no demasiado fácil.