Guillermina, que se convierte en Reina el día que cumple 18 años, conquistó a su pueblo llevando una vida austera, laboriosa y patriótica
Con su diplomático proceder, la reina Emma logró restablecer el prestigio de la monarquía constitucional y conducir a su hija, Guillermina, al trono. Ésta se convierte en Reina el día que cumple 18 años y sufre, con una entereza asombrosa, las consecuencias de las dos Guerras Mundiales. Sobre todo, en el segundo conflicto -Alemania atacó a Francia a través de Holanda-, cuando, tras la represión, el hambre hizo estragos entre los ciudadanos. Con su sabio y justo Gobierno, Guillermina conquistó a su pueblo llevando una vida austera, laboriosa y patriótica, al estilo de la reina Victoria de Inglaterra, y les decepcionó sólo en una ocasión: cuando consideró los Juegos Olímpicos de 1928, en Ámsterdam, como una manifestación pagana. La Reina no acudió a la ceremonia, aunque sí su esposo, el príncipe Enrique de Mecklenburg, responsable de la ceremonia de apertura. La Soberana y su esposo tuvieron, en 1909, una única hija, Juliana. En 1934, poco después de alcanzar la cincuentena, la soberana pierde a su madre y a su marido. Y el cuatro de abril de 1948, reinando ya en un país estable, decide abdicar en su hija. Entonces, toma el título de Princesa de los Países Bajos y se retira, por completo, de la vida pública. En 1959, publicó sus memorias: Solitaria, pero no sola. Falleció en 1962.