Rompiendo con la tradicional frase de "El Rey ha muerto… ¡Viva el nuevo Rey!", Luxemburgo celebró, en octubre del año 2000, la llegada al trono del nuevo Gran duque Enrique. En esta ocasión, el traspaso de poder soberano se realizó a través de la fórmula voluntaria de la abdicación, mecanismo que no se había utilizado desde que, en 1980, la reina Juliana de Holanda lo empleara con su hija Beatriz. El Gran duque Juan, abdicó a favor de su hijo Enrique, después de haber reinado, durante 35 años, sobre un país estable y próspero. Cedió la corona, sin ningún tipo de pesar, en un sencillo acto, en el salón de fiestas del palacio Gran Ducal. El Gran duque Enrique se convirtió así, a sus 45 años, en el jefe de Estado más joven de la Unión Europea y en el primer miembro de una familia real, nacido después de la II Guerra Mundial, que llega al trono.

Emparentado con la mayor parte de las familias reales europeas, el soberano de Luxemburgo contrajo matrimonio en 1981 con María Teresa Mestre. Una joven cubana, a la que conoció en Ginebra, escenario de su historia de amor, donde ambos estudiaban la carrera de Ciencias Políticas. Los Grandes Duques tienen cinco hijos: el Príncipe heredero, Guillermo, de 19 años; el príncipe Félix, de 16; el príncipe Luis, de 14; la princesa Alejandra, de 10, y el príncipe Sebastián, el benjamín, de 9. Luxemburgo, un cruce de caminos, a la vez que el punto de encuentro entre el espíritu latino y el espíritu germánico, es una democracia representativa en forma de monarquía constitucional; un país sin vistas al mar, que limita con Bélgica, con Francia y con Alemania; un enclave donde se hablan tres lenguas, luxemburgués, francés y alemán; el país más pequeño de la Unión Europea pero también el más rico.