Después de la ceremonia religiosa, los recién casados se dispusieron a partir hacia el Palacio Real, lugar escogido para celebrar el banquete nupcial con los invitados
La Guardia Real a caballo acompañó a la comitiva hasta el Palacio Real
12 ABRIL 2003
Bruselas quiso felicitar a la pareja con un cielo azul, radiante y claro. Cuatro oficiales de la Marina, a la salida de la catedral, levantaron sus espadas mientras los esposos bajaban la escalinata y avanzaban hacia el Mercedes que les conduciría hacia el Palacio Real de Bruselas.
Cañonazos en honor de los recién casados
Los cañones, instalados en el parque de Bruselas, dispararon 51 salvas en honor a los recién casados. La mitad de las que se escucharon en la boda del príncipe Felipe (Príncipe Heredero de Bélgica) con Mathilde. Las campanas de la ciudad repicaron sin cesar. Primero, la más grande, de 7.000 kilos. Luego, la llamada Fabiola con un peso de 3.000 kilos que, como curiosidad, está afinada en sí bemol. La Guardia Real a caballo acompañó a la comitiva y, por tanto, a la nueva princesa (hasta que el rey Alberto II no lo establezca de manera oficial, no se puede llamar a Claire, princesa de Bélgica).
Un balcón sin beso
Al llegar al Palacio Real, donde se celebrará un banquete del que no habrá imágenes, por respeto a las víctimas de la guerra de Iraq, los príncipes se asomaron al balcón para saludar a todos los conciudadanos que se habían congregado para darles la enhorabuena. En este caso, no hubo beso, pero, sin embargo, los aplausos y los vítores no cesaron hasta que, con un último adiós de la princesa, entraron en las estancias de Palacio para compartir unas horas con todos sus invitados.