Lejos de España, pero en compañía de sus hijos, Froilán y Victoria, la infanta doña Elena y don Jaime de Marichalar celebrarán su octavo aniversario de boda.
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Ocho años de matrimonio, dos hijos y todas las satisfacciones de haber demostrado, una vez más, que el amor rompe todas las barreras y hace posible lo imposible.

18 MARZO 2003
La infanta Elena y don Jaime de Marichalar celebran en familia su octavo aniversario de boda. Lejos de España, pero en compañía de sus hijos, Froilán y Victoria, la infanta doña Elena y don Jaime de Marichalar vivirán este día tan especial en la casa mansión de estilo brownstone (siglo XIX) en la que estuvieron hospedados antes de las navidades.
Boda real en Sevilla
Han pasado ocho años desde aquel 18 de marzo de 1995... Una boda real en la catedral de Sevilla en una mañana de primavera en la que las calles, adornadas con banderas, flores, farolillos y mantones de Manila, desprendían un increíble olor a azahar. Una fecha para la historia de España y todo un mundo para la infanta doña Elena y don Jaime que, ese día, se prometían amor y respeto hasta la muerte ante millones de personas que siguieron la ceremonia por televisión.
La vida de doña Elena se transformó radicalmente a raíz de su matrimonio. Y no por el hecho de haber cambiado de estatus civil o de haberse convertido en madre (lo mejor de todo lo que le ha podido pasar en la vida) sino por la metamorfosis que llevó al mundo a aclamarla como una Infanta elegante y distinta, que había alcanzado la plenitud como mujer, como esposa y como madre. Una situación idílica que se vio interrumpida cuando el drama azotó a su familia. Ahora, la vida les vuelve a sonreír...
Un año después de la tragedia que pudo costarle incluso la vida, los Duques afrontan con ilusión y esperanza el futuro que se abre ante ellos... Su esfuerzo y su coraje ante la adversidad ha dado sus resultados y ninguno de los dos puede disimular el orgullo que sienten cuando al mirar hacia atrás comprueban cómo al empeñar sus vidas y no darse por vencidos han podido conseguir que las secuelas físicas de aquel nefasto episodio hayan desaparecido por completo.
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