La Princesa manifestó públicamente su disconformidad ante la polémica ley, que sólo permite a los descendientes masculinos de la Familia Imperial convertirse en Emperadores del Japón
Aunque, durante el embarazo de la princesa Masako y, especialmente, después del nacimiento de la pequeña princesa Aiko, la sociedad japonesa se revolvió en contra de la discriminatoria ley, ningún miembro de la Familia Imperial se había atrevido a pronunciarse en su contra
En la imagen, los príncipes herederos al trono, protagonistas de la polémica al convertirse en padres, por primera vez, de una niña, la princesa Aiko

19 FEBRERO 2002
Por primera vez en la historia, un miembro de la Familia Imperial japonesa ha exigido que se revise la ley de sucesión vigente, a favor de que las mujeres pertenecientes a la dinastía reinante puedan, también, acceder al trono.
Aunque, durante el embarazo de la princesa Masako y, especialmente, después del nacimiento de la pequeña princesa Aiko, millones de japoneses clamaron su reforma, hasta el momento –cuando la norma cumple casi 55 años de vida-, absolutamente nadie de la Casa Imperial se había atrevido, a pronunciarse y denunciar públicamente el anquilosamiento de la ley. Ha sido la princesa imperial Takamatsu, de 90 años, y tía paterna del actual emperador Akihito, quien ha defendido férreamente, en un artículo para la revista japonesa Fujin-koron, que ésta sea revisada.
“No es antinatural que una mujer sea Emperatriz del Japón”
La Princesa manifestó su disconformidad con la polémica ley, que sólo permite a los descendientes masculinos de la Familia Imperial convertirse en Emperadores del Japón, y apostó por una nueva disposición que aprobara el ascenso al trono de la pequeña Aiko.
“Me siento realmente emocionada con la llegada de la pequeña Aiko al mundo. Pero, ahora, el tema que nos ocupa es que aquellos responsables de la legislación deberían cautelosamente considerar lo que hacer con esa primera cláusula de la Ley de la Casa Imperial. Dada la historia imperial de Japón -a lo largo de la cual se han sucedido en el poder más de diez emperatrices-, no creo que sea antinatural que un miembro femenino de la Familia Imperial pueda convertirse en la 127ª monarca del país”, concluyó la Princesa.
En pequeños detalles, como dejarse fotografiar en ocasiones excepcionales, ha sido fiel a las tradiciones milenarias del Japón, pero en otros ha sido transgresora –en contraste con la inmovilidad de la Casa Imperial- y ha demostrado ser una mujer valiente, una defensora acérrima de la justicia y siempre comprometida con la sociedad japonesa. No en vano, desde que murió su marido, el príncipe Takamatsu, es presidenta de la Fundación de Lucha contra el Cáncer. Por todo ello, la Princesa Imperial, que en diversas ocasiones ha escrito sobre la historia del trono imperial japonés, se ha sentido obligada a condenar esta disposición discriminatoria antes de su muerte.
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