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Henrik de Dinamarca, el príncipe valiente |
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Toca el piano, habla seis idiomas, domina disciplinas tan variopintas como la agricultura -la producción vitivinícola se ha convertido, de hecho, en una de sus aficiones favoritas-, el arte y la literatura -entre sus obras figuran una antología de poesía, un libro de memorias y varias traducciones del francés-, pero, sobre todo, es -desde que, en 1967, contrajo matrimonio con Margarita de Dinamarca- su incondicional apoyo y su mejor consejero.
Durante 35 años, fue un hombre de extremada prudencia. A la sombra, siempre... Año tras año, y así más de tres décadas, asumió tolerantemente el papel secundario que se le había designado en la vida pública de la Familia Real danesa hasta que, por alguna razón, no publicada, alzó la voz y denunció una situación personal incómoda y según su criterio injusta.
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Rompió, entonces, el protocolo y las normas más elementales de las Casas Reales -silencio y absoluta discreción- y exteriorizó sentimientos y emociones. Habló de sus problemas de identidad como príncipe consorte y, en consecuencia, alarmó opinión pública danesa.
Un escándalo que, sin embargo, y contrariamente a como se esperaba, se ha resuelto de forma amable y rápida. La Familia Real -su esposa la Reina, y sus hijos los príncipes, Federico de Dinamarca -el heredero-, y Joaquín de Dinamarca, en lugar de marginarle, le arroparon en estos momentos tan difíciles, por los que atraviesa, y se reunieron con él en unas improvisadas vacaciones en su Castillo de Caix (Francia).
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