Los novios se sentaron sobre los mismos almohadones de seda bordados a mano que hace un siglo, en 1901, usaron la reina Guillermina y el príncipe Enrique. Los futuros reyes de Holanda sólo se acercaron al altar cuando lleguó el momento de pronunciar el segundo 'sí quiero'
La ceremonia se ha celebrado bajo el rito protestante porque la Casa Orange hunde sus raíces en las luchas contra los españoles ya que, desde su fundación, todos los soberanos de la Familia Real se han mantenido fieles a la Iglesia Reformista holandesa
2 FEBRERO 2002
Máxima Zorreguieta y Guillermo de Holanda hicieron su entrada en Nieuwe Kerk mientras sonaba la marcha nupcial. Tal y como marca la tradición holandesa, Máxima llegó al altar del brazo de su prometido, lo que probablemente le hizo menos amargo el recuerdo de la ausencia de sus padres.
El reverendo C. A. Ter Linden, ministro emérito de la iglesia Kloosterherk y oficiante de la ceremonia, comenzó el emotivo servicio religioso recordando a los padres de Máxima sin los que, como señaló: “ Máxima no hubiera podido ser lo que es hoy”. Asimismo, se refirió a la difícil situación política que atraviesa el país de la novia, Argentina, y después dio la bienvenida a los diferentes miembros de las Casas Reales europeas que asistieron al enlace de los futuros reyes de Holanda.
El padre Braum, amigo de la familia Zorreguieta, participó en el servicio
El reverendo dio entonces paso a Rafael Braum, un sacerdote jesuita gran amigo de la familia Zorreguieta, que leyó la Carta a Ruth del Antiguo Testamento. Máxima, con la emoción contenida, sonreía dulcemente mientras escuchaba las palabras en castellano, con un suave deje argentino, del padre Braum.
Después, llegó la primera lectura de la ceremonia, que realizó el príncipe Johan Friso, hermano de Guillermo, y de nuevo, C.A Ter Linden se dirigió a los contrayentes.