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El nieto de Alfonso XIII –e hijo de don Juan de Borbón– tiene diez años cuando, en noviembre de 1948, se baja, solo, de un tren en una estación de las afueras de Madrid. Lleva pantalón corto y abrigo. Ha sido enviado a España por su padre, para ser educado al amparo del general Franco”.
Durante 27 años (1948-1975), el príncipe hace inmensos sacrificios y vive callando… Sabe que el gran deseo de su padre –la restauración de la Monarquía– depende, fundamentalmente, de su relación con Franco.
Una vida sencilla
Terminada su formación y residiendo ya en el palacio de la Zarzuela, fija su fecha de boda con Sofía de Grecia. Princesa con la que se casaría en Atenas, en 1962... Van naciendo los hijos. La infanta Elena, 1963, la infanta Cristina, 1965, y el heredero al trono, Felipe de Borbón, 1968. Don Juan Carlos y doña Sofía llevan una vida austera, sin lujos y, poco a poco, a base de trabajo y presencia, se van haciendo querer por todos los españoles.
La transformación del Rey
Tras la muerte de Franco, aquella figura muda –que aparecía detrás del general en algunas ceremonias oficiales– se convierte en un joven Rey que, acompañado siempre de doña Sofía, trabaja día y noche en el gran proyecto que fue el sueño de su padre, una Monarquía para todos. Don Juan Carlos ya no es, por entonces, un joven con aire de melancólico. Don Juan Carlos ha desplegado todas sus armas –sonrisa, cercanía, comunicación, simpatía, humanismo, amabilidad, cariño– para cambiar, definitivamente el destino de su país.
Los hijos crecen
El Rey conquista el corazón de los españoles a la medioda que los hijos van creciendo. La infanta Elena se gradúa en Magisterio; la infanta Cristina se convierte en la primera mujer universitaria de la Familia Real española, el Príncipe se licencia en Leyes… Con el paso de los años, las infantas forman sus propias familias y, ahora, don Juan Carlos y doña Sofía, son los Reyes-abuelos. Después de treinta años sin niños, cuatro nietos reales –y uno más en camino- llenan de alboroto y alegría los jardines del palacio de la Zarzuela….
Sin desgana ni fatiga
Para ser Rey de todos los Españoles había que estar cerca de ellos -don Juan Carlos no ha dejado de permanecer al lado de éstos durante los ya veintiséis años de reinado- fundirse con ellos en un abrazo... Llevar ilusión a aquel territorio gris y triste por el que comenzó su andadura como soberano. Y lo más importante, evitar aparecer como un gigante de la historia o como el Rey que han prestado servicios impagables al pueblo. Todo lo contrario. El monarca, el buen hijo de don Juan de Borbón, un rey en el exilio, siguió al pie de la letra los consejos que, desde niño, le dio su padre: “Acordaos de que la Familia Real y, sobre todo, el Rey tiene que ser un nómada en su país. “Nunca antes a lo largo de la historia, –aunque el problema del terrorismo esté todavía por resolver– los españoles fueron más libres, educados, iguales y prósperos.
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