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“¡¿Pero, otra niña?!” Se cuenta que exclamó el Rey el 13 de junio de 1965 cuando los médicos que atendieron a doña Sofía en el parto le dieron la buena nueva. Aún así, el entonces príncipe sacó su botella de champán, su copa y se dispuso a brindar. El bebé tenía un lunar chiquitito en su mejilla izquierda, abundante pelo, los ojos dulces de su madre, una sonrisa permanente en la boca, la de su padre, y estaba sanísimo. Doña Sofía, feliz, por cómo se había desarrollado todo, pidió crema de chocolate para celebrarlo.
Cerca del mar
La infanta Cristina vistió el uniforme de Santa María del Camino y un día, a sus 24 años, se convirtió en la primera mujer de la Familia real española con título universitario. “Es una más –dijeron sus compañeras de clase-. “Es hora de marchar –dijo ella-”. Y doña Cristina se fue. A París, a Nueva York… A vivir y a aprender sin abandonar, no obstante, la mesura y la discreción que siempre distinguieron a su rango.
Con motivo del Año de Gracia Olímpica de 1992, la infanta se instaló en Barcelona. Al principio, para estar cerca del mar, para entrenar; después, porque, enfundada ya en unos sencillos vaqueros y en un polo azul de navegante , se enamoró de Barcelona y del Mediterráneo.
“...Estoy colada por un jugador de balonmano!”
Con el sabor de la sal en los labios, su andar un tanto desmadejado y su gesto humilde se instaló cerca del puerto, se matriculó en un curso de Relaciones Internacionales en la Unesco, aprendió catalán, buscó un trabajo en la Fundación Cultural de La Caixa… Y se convirtió en una sombra huidiza que iba de la oficina al mar y del mar a su casa.
“Alucino. Estoy colada por ¡un jugador de balonmano!”, dijo doña Cristina a una de sus íntimas amigas, según el libro, La infanta Cristina, una mujer de su generación, de María Molina y Consuelo León. “¡Qué pasada! ¡Estoy enamorado de la infanta!”, –le dijo Iñaki a su amigo Fernando Barbeito
Anuncio de los Reyes
Mantuvieron su romance en secreto, vivieron su historia de amor a espaldas del mundo, y se casaron el 4 de octubre de 1997, en la catedral de Barcelona.
Doña Cristina volvió a su trabajo como coordinadora de programas del Tercer Mundo de la Fundación de La Caixa... Meses después, los Reyes de España, anunciaban que su hija estaba embarazada. El veintinueve de septiembre de 1999, nacía en la clínica Teknon de Barcelona, Juan Valentín de Todos los Santos y su padre, el duque de Palma, se refería a ese instante como, "...diez minutos que nos han cambiado la vida y la sensación más bonita vivida por ambos". El seis de diciembre del año 2000, un nuevo varón, Pablo Nicolás, llegaba al mundo en el mismo centro. El pasado jueves, 15 de noviembre, cuatro años después de aquella boda, la Infanta, en silencio, ha asentido. A mediados de mayo, en el florecer de la primavera, vendrá al mundo su tercer hijo.
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