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Excelente Reina para los españoles, pero magnífica esposa para el Rey y extraordinaria madre para sus tres hijos, doña Elena, doña Cristina y don Felipe. Soberana de inmenso corazón y exquisito espíritu que, aunque cumpliendo a la perfección con sus obligaciones reales, nunca descuidó su labor como madre de familia y esposa.
El poder de su imagen
Años y años de dedicación hasta que, en 1997, decidió que cumplidas sus principales obligaciones como soberana y madre, podía dedicarse a otras tareas más personales: viajar hasta el dolor y la tragedia, consolar a los desheredados. Ser un arma contra la pobreza. Creó, entonces, la Fundación Reina Sofía, y se embarcó en el proyecto de los microcréditos, que entonces era una utopía. Cuatro años después, la Reina se muestra orgullosa de haber ayudado a Mohamed Yunus, fundador de la banca de los pobres, a conseguir un nuevo escenario en el mundo: Gracias a él, catorce millones de personas han atravesado el umbral de la pobreza...
La desoladora realidad
Para ello, a sabiendas de que el poder de su imagen podía llegar hasta el infinito, nunca le importó a la Reina cruzar océanos y montañas, que el sol fuera de justicia, que lloviera a mares o que la tierra se abriera bajo sus pies. Doña Sofía, sin perder la calma ni la sonrisa, prosiguió su camino y tomó contacto con la desoladora realidad. No hubo descanso posible. Ahora, después de dejar atrás aquellos años en los que, junto al Rey, vivió los difíciles preámbulos de acceder a un trono que no era seguro, de crear una familia, la abuela Reina vive una nueva aventura...
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