Al día siguiente del entierro, Farah Pahlevi acudió a visitar la tumba de s hija. La Emperatriz avanza por entre los árboles del cementerio de Passy
22 JUNIO 2001
CALMANTES Y SOMNIFEROS,
PERO NO DROGAS
—La insinuación «sobredosis »de la prensa bri-
tánica hace pensar en la droga. ¿La princesa nunca
se drogó?
—La droga es el mal del siglo .Miles de jóvenes
viven dependiendo de drogas duras y blandas. Yo
le había preguntado a Leila. Nosotras hablamos de
eso muy sinceramente. Ella siempre me dijo que
detestaba las drogas pero que tenía amigos que,
por desgracia, sí las consumían. Yo la creí. Y la creo.
Nada en su conducta permitía ni siquiera imaginar
que ella las utilizara.
—En Estados Unidos y en París,la princesa vivía
en casa de usted.¿No pensó nunca vivir sola,y si lo
hizo,dónde?
—A veces quería ser independiente, y yo misma
la animaba. Además, mi hija tenía un apartamento
en Nueva York. Pero imagino que se sentía con
más seguridad física y afectiva cuando estaba con
nosotros. En realidad,ella hubiera querido ambas
cosas: estar libre y protegida, una elección difícil.
Por esa razón fue por lo que ,respetando los consejos de los médicos, de sus hermanos, de su institutriz y míos, nos esforzamos por dejarla libre, interviniendo lo menos posible en su vida. Estar allí sin
estar allí, presentes y transparentes: eso es lo que tratamos de hacer.
—¿No le parece extraño que, deprimida y débil
en ciertos momentos, ella eligiese en otras ocasiones imponer su voluntad?
—Leila no tenía miedo a morir y,sin duda,no
siempre siguió los tratamientos que le habían prescrito.