 | Un primer plano de la Emperatriz Farah Pahlevi en su casa de París, con el dolor y la consternación reflejados en su rostro a causa de la trágica muerte de su hija Leila |
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22 JUNIO 2001
Al día siguiente de enterrar en París a su hija menor, la princesa Leila, La Emperatriz Farah Pahlevi nos recibía en su casa de la capital francesa. Esta es la entrevista de una madre desolada por la tragedia que, en veinte años y en el exilio, ha perdido a tres de sus seres más queridos, su esposo, fallecido en 1980, su madre, que murió el pasado mes de noviembre y su hija, que fue hallada muerta en un hotel de Londres.
—Majestad,su hija la princesa Leila murió en
Londres el domingo diez de junio sola en una
«suite »del hotel Leonard.¿Fue un suicidio o un
accidente?
—Está en curso una investigación. Serán necesarias varias semanas antes de que se confirme lo
que para mí es evidente: fue un accidente. Leila
tomaba neurolépticos e igualmente, por prescripción médica, algunos somníferos. No se puede excluir que hubiera tomado con algunas horas de intervarlo los mismos medicamentos, olvidando que ya los había tomado antes.
—¿Cómo se enteró usted de la trágica noticia?
—Desde hace algunos días notábamos a Leila muy deprimida. Yo estaba intranquila, y recibía cotidianamente, como sus amigos,hermanos y hermana, noticias suyas. Ella no salía del
hotel. Yo pedí a una amiga que fuera a verla,
que la telefoneara, pero ella no quiso ver a nadie. Leila aplazó todas sus citas. Yo decidí volver de Estados Unidos pasando por Londres para
llevármela a París conmigo. Contacté con su
médico psicoterapeuta y le hice partícipe de
mis temores.
El doctor Klein se ofreció a ir a
verla a su hotel, cosa que hizo.Y seguí intentando contactar con Leila por teléfono .Por su parte, Farahnaz me llamó y quiso permanecer en
línea .Nos sobrevino a todos un terrible presentimiento. Yo hablaba por varias líneas a la vez.
Nadie podía darme informes. Finalmente, el
médico se puso al teléfono y, ante su voz y sus
dudas, en seguida comprendí que las noticias
eran malas. Con tacto, el doctor Klein me dijo
entonces:«Señora ,he llegado demasiado tarde.
Siento la profunda pena de comunicarle que su
hija ha muerto ».Yo informé de ello a Farahnaz.
Ella colgó. El mundo se hundió a nuestro alrededor .En un momento así, las palabras no pueden hacer nada.
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