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11 MAYO 2001
El duque de Alba, don Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate, falleció, a las 17:15 horas en su residencia familiar, el Palacio de Liria.
Don Jesús Aguirre, que padecía un cáncer de faringe desde hacía varios años, sufrió este viernes una fatal embolia pulmonar y, aunque fue atendido inmediatamente por una UVI móvil del 061, nada se pudo hacer para devolverle la vida.
Un portavoz de la Casa de los Alba ha informado que los servicios médicos intentaron desplazar " a don Jesús urgentemente a la unidad de cuidados intensivos de la Clínica madrileña de la Luz y que el Duque, antes de morir, se encontraba en estado estacionario, aunque de carácter grave".
Don Jesús Aguirre, de 66 años de edad, fallecía acompañado, tan solo, por el mayor de los hijos de Cayetana y su mejor amigo, el duque de Huéscar. Sin el aliento y sin el apoyo de la Duquesa, que -quiso la fatalidad- que se encontrara de viaje en una boda, en Sevilla, a la que se había comprometido asistir, puso fin a su tormento.
Una larga enfermedad
Don Jesús Aguirre permaneció ingresado en la Clínica de la Luz, desde el pasado 12 de enero, durante tres meses, para recibir tratamiento oncológico contra un carcinoma de faringe localizado.
Al duque de Alba se le escapaba la vida... Y, en la tarde del pasado viernes, sombría y funesta, cansado de luchar contra una larga enfermedad que se lo ha ido comiendo vorazmente durante los últimos meses, se dejó vencer.
"Entereza fingida"
Aunque en todo este tiempo, amigos y familiares han cerrado filas a su alrededor -con el semblante inalterable-, la entereza fingida se ha doblegado finalmente al dolor: "Ha sido un año muy difícil y no tengo siquiera humor para ir a la Feria de Sevilla", declaraba en los últimos días la duquesa.
Liria se viste de luto. Y Cayetana ya no volverá a recibir orquídeas y poemas. Esos que él le envió durante los 23 años de su matrimonio a través de los mayordomos. Jugando siempre, a ser dos enamorados niños.
Cayetana está destrozada. El dolor ha irrumpido, una vez más en su vida. Además de un marido, la duquesa acaba de perder al cómplice, al amigo, a un hombre que entendió como nadie su personalidad única.
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