En la imagen, posan bellísimas la reina doña Sofía, con un vestido rojo muy favorecedor, y la gran duquesa María Teresa que, en su primera visita de Estado a España, eligió un vestido rosa pastel con un abrigo de verano a juego
8 MAYO 2001
Si existe una palabra con la que se pueda resumir la apariencia de las damas que asistieron el pasado lunes, siete de mayo, a la cena de gala ofrecida por los Reyes de España a los Grandes Duques de Luxemburgo, esta sería la elegancia.
Porque, aunque no hay velada en la que la Reina, sus hijas, las infantas y las invitadas de honor, no se distingan por el buen criterio en la elección de sus vestidos, fue esta última cena de gala el gran acontecimiento del glamour, de la distinción y el equilibrio.
Dos estilos para dos duquesas infantas
Llamó especialmente la atención la duquesa de Lugo con un moderno y atrevidísimo vestido realizado en tela estampada con motivos clásicos de pañuelo: cordones de cadeneta, nudos marinos combinados en un arco iris de tonalidades. Un traje con escote de honor, a la última moda, una pequeña cola principesca que salía de su espalda y falda abullonada, cortada a pliegues, sobre sus pies recogidos en unos claros zapatos de raso de altísimo tacón. La duquesa de Lugo, luciendo más joyas que de costumbre, apostó por los brillantes engarzados en base de oro blanco: corona, collar y pulseras, y puso de manifiesto que su transformación espectacular, su metamorfosis -pasó de la talla 48 a la 40 y apostó por una moda más afrancesada- estaba basada fundamentalmente en que había adquirido la plenitud como mujer, madre y esposa. Y así es. segura de lo que le conviene, de lo que le favorece y de lo que debe ser, la Infanta demuestra tener en cada uno de sus pasos un control absoluto sobre su propia vida y sobre el don de la elegancia.
Un cambio radical de imagen
La infanta Cristina, -“más guapa que nunca, dijo una de las personas que trabajan en protocolo de la Zarzuela”- apostó, sin embargo, por un traje clásico de princesa de color burdeos. Corpiño ceñido con pronunciado escote en pico, sin mangas, y falda de vuelo.
La duquesa de Palma, con un precioso recogido en el cabello y sin apenas adornos, ha cambiado radicalmente de imagen desde su reciente operación de miopía. La ausencia de las molestas lentillas y la felicidad de no tener que recurrir a las gafas de lejos, ha contribuido a dulcificar su rostro. El duque de Palma, más feliz y embelesado que nunca con su esposa, no dejaba de mirarla, decirle palabras al oído y cogerle de la mano.
Rosa y rojo para dos Reinas
La reina doña Sofía, con aspecto un tanto cansado, recurrió a uno de los colores que más le favorece para actuar como anfitriona en la cena de gala celebrada en el palacio Real. Con un elegante vestido rojo carmesí y una mantilla negra española a modo de sobremanto. Tradicional prenda ornamental, como las usadas en los retratos femeninos de Velázquez, aunque en este caso de encaje de Blonda, procedente de Cataluña, caracterizado por los motivos florales de seda y por los bordes con amplias ondas, llamadas puntas de castañuela, de espuma o de reja.
En contraste con el españolísimo atuendo de la Reina, en rojo y negro, la soberana de Luxemburgo eligió para la velada un traje rosa pálido y un abrigo de verano a juego de media manga. En su muñeca, un reloj de brillantes y en el cabello, con un favorecedor recogido de pelo trenzado, femeninas y originales orquillas con perlas en las puntas.